Carta parroquial

A todos los feligreses de nuestra Parroquia: Paz y Bien.

Querida Comunidad Parroquial:

Estamos viviendo una Cuaresma especial. Los días de confinamiento nos hacen ver la realidad de nuestra vida, lo que pensábamos y como se nos presenta. Nos ayudan para llegar a Dios, a trascendernos, y por qué no, para ser más auténticos y menos superficiales; que sepamos aprovechar estos días porque son un don de Dios.

Siento la necesidad de escribir estas líneas para comunicarme con vosotros, aunque lo hacemos por los medios al alcance hoy en día, pero quiero llegar a todos. Os echo de menos. A todos: el bullicio de los niños, el encuentro con los padres, la presencia de los catequistas, los emigrantes, los matrimonios, el aula de teología y vida, las preguntas que se entrecruzan en la puerta de la Iglesia o en la entrada de los salones,…, y en estos días el ajetreo de la Cofradía de la Virgen de los Dolores con los actos y preparativos; pienso en los enfermos, en la residencia de mayores, y en las familias en dificultad; en quienes sufren y temen especialmente las consecuencias de esta situación, en todos sin ninguna clase excepción. Cómo no agradecer a quienes arriesgan su vida por nosotros, los sanitarios, muchos de vosotros conocidos y queridos; las fuerzas de seguridad y a nuestras autoridades, los que nos cuidan con la limpieza y desinfección, y la familia de los agricultores y transportistas que tratan de mantener la vida…; agradezco el servicio de todos, sin la excepción del olvido.

Sabéis que estos días celebro la Eucaristía yo solo, pero estáis todos; rezo por vosotros, os pongo en el altar, me siento especialmente vuestro cura aunque tenga que celebrar la Eucaristía solo. La parroquia no está privada de la Eucaristía, la ofrezco cada día por vosotros, y la oración de Laudes y Vísperas  la ofrezco por las necesidades espirituales y materiales de la parroquia y del pueblo especialmente en esta situación difícil. Es hermoso vivir la comunión, y estos días lo experimentamos todos; estamos llamados a crecer en comunión, eso es la Iglesia. Este mismo sentido eclesial y fraterno nos hace ser responsables con las normas y disposiciones para vencer esta pandemia, que es lo importante en este momento.

Efectivamente son días especiales. Hemos de vivir la oportunidad de esta Cuaresma, en el desierto de la soledad y de la incertidumbre, solos con Dios que nos ama, y en el espejo del Crucificado mirar nuestra vida, la verdad de nuestra vida: que somos amados por Dios, a pesar de nosotros. Siempre me ha sorprendido la frase de San Pablo cuando dice que nos amó primero, y la prueba de que Dios nos ama es que entregó a su Hijo para salvarnos del pecado y de la muerte. Esta es la verdad de nuestra vida: que Dios nos ama y ha dado la vida por nosotros.

Dejadme decir que estos días de preparación a la Pascua, y en estas circunstancias han de hacernos personas más auténticamente religiosas y personas de fe. Poner en Dios nuestra seguridad, Él es nuestra Roca, todo desvanece y se hace incierto ya lo vemos…, solo Dios permanece… Dios no es otra cosa; es el corazón de la vida y de nuestra persona, y esa relación auténtica con El, nos hace más humanos y fraternos, nos descubre vulnerables y fuertes, nos hace no vivir solos en el camino, y tener la certeza de su amor que es la esperanza que no defrauda. Personas de fe que son auténticamente libres, sin ataduras que parecen algo y no son nada, personas de fe que confían en Dios a pesar de todos los pesares, y Cristo y su Evangelio constituyen la Luz que da sentido a sus vidas. Estos días son un regalo de Dios, confiad en Él.

En esta carta os envío el saludo fraterno y muy cordial del Padre Pepe Morales, como quiere que le llamemos, nuestro Misionero de África (P. Blanco) que colabora con tanto cariño en la Parroquia. Cada día hablamos, está preocupado pero me transmite la serenidad de su fe curtida en tierras difíciles. Pepe sabe de estas situaciones, y sabe que Dios no nos abandona nunca, es nuestro Padre, tiene los brazos abiertos para acogernos y abrazarnos; es nuestra esperanza cierta incluso cuando, humanamente, no cabe más esperanza.

Os invito a rezar, solos o en familia. Leer y meditar el Evangelio, los impresionantes relatos de la Pasión del Señor, encontraros con Él, ¡dejarle entrar y que sea Señor, es Señor que libera y no pide nada a cambio!. Cada día el Evangelio es el regalo, la lámpara para el camino, aunque estemos en casa… Y algo muy especial que os recomiendo de todo corazón: el Rosario a la Virgen, en las cuentas del Rosario, poner nombres de personas, situaciones, mientras con la Madre meditáis la vida del Señor.

Estos días cuando miro a la Virgen del Rosario con su Hijo en los brazos, os digo que le veo el semblante más hermoso y los nombres de los roqueteros dan vueltas en las cuentas del Rosario que acarician sus manos porque es nuestra Madre y por todos intercede. Y del Sagrario os digo que sale una fuerza especial, que espera la intimidad de cada uno, descargad el corazón con el Señor, desde la casa y desde el desconcierto que Él sabe poner Paz porque Él, nuestro Señor en la Eucaristía es la Paz.

Cada día celebro la Eucaristía a las una de la tarde. Os pido que en un momento cerréis los ojos y estemos juntos con el Señor. De esta situación hemos de salir mucho más fraternos y fuertes, y dispuestos a hacer posible y realidad el sueño de Dios, que vivamos como hermanos y nos amemos de verdad como Cristo nos amó. Vivir así es lo único que merece la pena.

Estoy a la disposición de todos. Soy el cura de la parroquia, padre y hermano, y me debo a vosotros. Conocéis mi teléfono. Mucho ánimo, queridos todos, que en la Cruz está la Gloria y la Gloria está en la Cruz.

Reza por vosotros y os quiere, vuestro cura

                                               Antonio de Mata Cañizares