Archivo de la categoría: Reflexiones

La sopa de la Mendiga

En el pueblo ninguno era más pobre que Rebeca, pues sólo poseía los vestidos que llevaba. Y esto era muy poco. La blusa y la falda estaban desgarradas, las medias y las sandalias llenas de agujeros. Todos los habitantes del pueblo la conocían y Rebeca conocía a cada uno de ellos.

Cuando tenía hambre sabía donde golpear y tenía la costumbre de dormir afuera. Aún en invierno sabía donde encontrar un refugio. ¡Que vida miserable! Sin embargo, Rebeca llevaba esta vida de hace muchos años y no sentía envidia, ni la necesidad de cambiar lo que fuese.

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Adviento: Una ventana abierta

Con permiso de Mingote: «Adviento: Una ventana abierta»

No sé quién es este señor de la escalera. Pero al ver un cielo vacío, ha cogido su escalera. No está gris el cielo. Pero está muy solitario, muy sin vida.

Casi tan solitario como este hombre. Él solo. Con su inquietud y su búsqueda.

Un cielo sin aves (¿palomas?) no es cielo.

Tiene que levantarse sobre el suelo, y hacer el esfuerzo de «subir» siquiera un poco.

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…liz Navidad

“Así se manifiesta el “espíritu navideño”: Promesa que genera esperanza, se consolida en Jesús y se proyecta, también en esperanza, hacia la segunda venida del Señor” (Card. Jorge Bergoglio, Artículo escrito el 23 de noviembre de 2011)

El mensaje es sencillo y claro: “…liz Navidad: sin fe la Navidad está incompleta. Medítalo”.

¡Cuánta razón tienen esas palabras!

Honestamente, ¿qué sentido tendría celebrar en grande el 24 y 25 de diciembre si no fuera por la fe? ¿Solamente por seguir con “las costumbres”? Muchos lo verán así, como un simple evento social, pero no es el sentido de fondo por el que se festejan por todo lo alto estas fechas.

Con la excesiva mentalidad consumista enquistada en nuestro tiempo, quizá se dificulta entender que, en realidad, la Navidad procede de la fe. Sin fe, la Navidad es una celebración más, una costumbre fácilmente reducible a la comida y a la bebida (ciertamente indispensables en las celebraciones, pero no son lo único).

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La comidad: una triste Navidad sin Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Es penoso convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido. Para muchos la Navidad se ha convertido en la Comidad, una mera ocasión para celebrar comidas y más comidas donde el protagonista principal de la fiesta queda relegado sin que nos acordemos de El en ningún momento más haya de haberlo puesto en un belén como mera decoración por pura rutina. Estas personas dedican horas y horas a todo tipo de comidas, preparativos y reuniones y ni un minuto para visitar la Iglesia en Navidad, para ponerse en paz con Dios, siquiera para rezar, que triste ironía.

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Un cuento de Adviento

 

«Martín era un humilde zapatero de un pequeño pueblo de montaña. Vivía solo. Hacía años que había enviudado y sus hijos habían marchado a la ciudad en busca de trabajo.

Martín, cada noche, antes de ir a dormir leía un trozo de los evangelios frente al fuego del hogar. Aquella noche se despertó sobresaltado. Había oído claramente una voz que le decía. ‘Martín, mañana Dios vendrá a verte’. Se levantó, pero no había nadie en la casa, ni fuera, claro está, a esas horas de la fría noche…

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