Archivo de la categoría: Reflexiones

La sopa de la Mendiga

En el pueblo ninguno era más pobre que Rebeca, pues sólo poseía los vestidos que llevaba. Y esto era muy poco. La blusa y la falda estaban desgarradas, las medias y las sandalias llenas de agujeros. Todos los habitantes del pueblo la conocían y Rebeca conocía a cada uno de ellos.

Cuando tenía hambre sabía donde golpear y tenía la costumbre de dormir afuera. Aún en invierno sabía donde encontrar un refugio. ¡Que vida miserable! Sin embargo, Rebeca llevaba esta vida de hace muchos años y no sentía envidia, ni la necesidad de cambiar lo que fuese.

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Un astrónomo defendió a un hombre inocente

Un astrónomo defendió a un hombre inocente acusado de homicidio.

Éste, en su defensa, sólo afirmaba haber visto al verdadero asesino huir tras el delito.

– “¿A qué distancia estaba usted de él?”, le preguntó el juez.

– “A unos cien o doscientos metros”, pero no le creyeron.

El delito se cometió de noche y en zona oscura; era imposible haberle visto.

El astrónomo leyó por casualidad la noticia en el periódico y aplicó sus conocimientos. Con la fecha de los hechos descubrió que, precisamente aquel día, la noche había sido clara por la luna llena y despejada de nubes. El acusado, por lo tanto, podía haber visto sin problemas a doscientos metros o más. El tribunal aceptó el testimonio del astrónomo y cuando el acusado, ya absuelto, le dio las gracias, el astrónomo dijo lacónicamente; “he hecho lo que está escrito en el evangelio, como Juan Bautista di testimonio de La Luz. También nosotros hemos de aprender a ver más allá de La Luz de la razón, porque el peligro es ver sólo aquello que queremos”.

Jn 1,6-8.19-28.

Adviento: Una ventana abierta

Con permiso de Mingote: “Adviento: Una ventana abierta”

No sé quién es este señor de la escalera. Pero al ver un cielo vacío, ha cogido su escalera. No está gris el cielo. Pero está muy solitario, muy sin vida.

Casi tan solitario como este hombre. Él solo. Con su inquietud y su búsqueda.

Un cielo sin aves (¿palomas?) no es cielo.

Tiene que levantarse sobre el suelo, y hacer el esfuerzo de “subir” siquiera un poco.

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…liz Navidad

“Así se manifiesta el “espíritu navideño”: Promesa que genera esperanza, se consolida en Jesús y se proyecta, también en esperanza, hacia la segunda venida del Señor” (Card. Jorge Bergoglio, Artículo escrito el 23 de noviembre de 2011)

El mensaje es sencillo y claro: “…liz Navidad: sin fe la Navidad está incompleta. Medítalo”.

¡Cuánta razón tienen esas palabras!

Honestamente, ¿qué sentido tendría celebrar en grande el 24 y 25 de diciembre si no fuera por la fe? ¿Solamente por seguir con “las costumbres”? Muchos lo verán así, como un simple evento social, pero no es el sentido de fondo por el que se festejan por todo lo alto estas fechas.

Con la excesiva mentalidad consumista enquistada en nuestro tiempo, quizá se dificulta entender que, en realidad, la Navidad procede de la fe. Sin fe, la Navidad es una celebración más, una costumbre fácilmente reducible a la comida y a la bebida (ciertamente indispensables en las celebraciones, pero no son lo único).

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La comidad: una triste Navidad sin Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Es penoso convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido. Para muchos la Navidad se ha convertido en la Comidad, una mera ocasión para celebrar comidas y más comidas donde el protagonista principal de la fiesta queda relegado sin que nos acordemos de El en ningún momento más haya de haberlo puesto en un belén como mera decoración por pura rutina. Estas personas dedican horas y horas a todo tipo de comidas, preparativos y reuniones y ni un minuto para visitar la Iglesia en Navidad, para ponerse en paz con Dios, siquiera para rezar, que triste ironía.

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Érase una vez…

En una ocasión un hombre hablaba con Dios y le reclamaba diciendo: – Señor si tu eres creador de todas las cosas maravillosas del mundo, ¿Por qué permites tantas injusticias, tanta hambre, tantas guerras? ¿Por qué no envías a alguien para que intervenga y pueda servir como agente de cambio, para hacer de este mundo un mundo mejor?

Dios mirándolo fijamente a los ojos y con voz paterna y dulce le dijo:- Sí he tenido en cuenta todo lo que tú me reclamas hijo… por ello te envié a tí.

El lápiz del abuelo

Un niño miraba a su abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:

-¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:

-Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me  gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.

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La Silla

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración por su padre, que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.

– “Supongo que me estaba esperando”, le dijo.

– “No, ¿quién es usted?”, dijo el hombre.

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