Ciencia y Fe

Ciencia y Fe I

Ciencia y religión, dos visiones del mundo

Ciencia y religión son las dos grandes visiones del mundo más importantes. Son fenómenos globales presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad. Las relaciones entre ciencia y religión se pueden enfocar desde tres puntos de vista: histórico, epistemológico y sociológico. La primera pregunta que se plantea es si son entre si compatibles o incompatibles. Dentro de la compatibilidad se puede destacar su autonomía y desde ella el diálogo y la complementariedad. El problema de los orígenes del universo, la vida y el hombre puede plantearse desde la religión y de la ciencia. Aunque esto llevó a ciertos conflictos hoy encontramos que no tiene porqué oponerse. El campo de la ética es un terreno en el que ciencia y religión se encuentran.

¿Son ciencia y religión incompatibles y opuestas? ¿Ha perseguido la Iglesia a los científicos? ¿Murió Galileo en la hoguera condenado por la Inquisición? ¿Han condenado los papas la teoría de la evolución? ¿Son la mayoría de los científicos materialistas y ateos?

Muchas afirmaciones negativas sobre la relación entre ciencia y religión se siguen repitiendo hoy, a veces, con enconada virulencia y algunos ven en la religión un virus maligno que se opone al progreso de la ciencia. El tema necesita de una reflexión seria y serena que examine la relación entre ciencia y religión como formas de conocimiento y fenómenos sociales, y cómo ha sido esta relación a lo largo de la historia, en especial, en relación con el cristianismo.

Nadie puede hoy dudar que la ciencia y la religión son, sin lugar a dudas, las dos grandes visiones sobre el mundo. Aunque hay otras visiones, como la artística, estas dos tienen una extensión y fuerza que las sitúan como las dos más importantes maneras de mirar al mundo. En general, podemos decir que la ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. La religión, por otro lado, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra con el misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo.

Tres enfoques: epistemológico, histórico y sociológico

Las relaciones entre ciencia y religión pueden enfocarse desde diversos puntos de vista. Este estudio se centra en tres, el histórico, el epistemológico y el sociológico. Tanto la religión como la ciencia son fenómenos culturales que han estado presentes a lo largo de la historia desde la más remota antigüedad. A veces se corre el peligro de suponer que la ciencia empieza con la ciencia moderna del Renacimiento, olvidando todos los desarrollos anteriores. Esto es un grave error, ya que el nacimiento de la misma ciencia moderna no puede entenderse sin los desarrollos científicos anteriores.Remontándonos a los albores de la ciencia en la antigüedad podemos encontrar ya interacciones con la religión.

Un interés especial tiene la relación entre el cristianismo y la ciencia, ya que la ciencia moderna nace precisamente en el occidente cristiano. Esta relación comienza con los primeros autores cristianos del siglo III y se continúa a lo largo del tiempo hasta nuestros días. A veces se simplifican y se presentan conclusiones erróneas sobre esta relación al no tenerse en cuenta cómo ha discurrido a lo largo de la historia. El enfoque histórico es, por lo tanto, imprescindible para llegar a una visión correcta del problema.

Albert Einstein

La religión y la ciencia constituyen formas de acercamiento a la realidad, es decir, formas de conocimiento con distintas peculiaridades. Es, por lo tanto, importante estudiar la distinta naturaleza de cada una de ellas y la relación que puede establecerse entre el conocimiento científico y el conocimiento religioso. Esta reflexión pertenece al campo de la filosofía.

La reflexión filosófica y en concreto la epistemológica es imprescindible para establecer las relaciones entre ciencia y religión como formas de conocimiento. Fe y experiencia religiosa forman el fundamento del conocimiento religioso que se formaliza en la teología, mientras el conocimiento científico está formado por un marco formal de leyes y teorías, relacionadas con una base empírica de experimentos y observaciones. Establecer claramente la naturaleza y los límites de estos dos tipos de conocimiento es fundamental para poder establecer correctamente la relación entre ambos.

La religión y la ciencia son además fenómenos sociales. Su aspecto sociológico es, por lo tanto, muy importante para conocer las relaciones entre ellas. Este aspecto es menos conocido y pocas veces se tiene en cuenta. Ciencia y religión forman dos sistemas sociales complejos que agrupan experiencias individuales y colectivas y que tienen sus normas y patrones de comportamientos que resultan en la formación de comunidades con un tipo de estructura y lenguaje propio.

Ambas comunidades interaccionan con la sociedad general en claves que pueden ser de aceptación, rechazo, prestigio e influencia con las consecuentes interacciones entre ellas. La afirmación de posiciones de influencia social ha resultado, a veces, en confrontaciones entre ellas. La incidencia normativa de la religión en los comportamientos, que desemboca en propuestas éticas, interacciona con la práctica de la ciencia, que no puede ser ajena a los problemas éticos que en ella pueden surgir. La preocupación cada vez mayor de la sociedad por los problemas éticos relacionados con la ciencia abre hoy nuevos campos de relación de esta con el pensamiento religioso.

¿Son compatibles la Ciencia y la Fe?

Ciencia y religión ¿compatibles o incompatibles?

La primera pregunta que podemos plantearnos es si ciencia y religión son entre sí compatibles o no. Es decir, si una y otra pueden convivir o necesariamente la una excluye a la otra y entre ellas solo puede haber un inevitable conflicto. No es raro encontrar, aun hoy, la opinión, a veces generalizada, de que ciencia y religión son mutuamente incompatibles y la relación entre ellas ha sido siempre una fuente de inevitables conflictos.

Se las considera como dos visiones contrapuestas del mundo, que no pueden menos que chocar siempre entre sí. No solo esto, sino que cada una de ellas niega la validez de la otra. Hoy, además, se mantiene que solo la visión de la ciencia puede ser la verdadera, con lo que la visión religiosa tiene que ir poco a poco desapareciendo. Desde este punto de vista, el avance de la ciencia implica siempre un retroceso de la religión. Para apoyar esta posición se hace a menudo una interpretación sesgada de la historia y se traen siempre los mismos casos de Galileo y Darwin.

Aunque se hace retroceder esta posición hasta los orígenes de la ciencia moderna, indicando con ello que la ciencia misma no puede más que estar en conflicto con la religión, en realidad empieza en el siglo XIX, aunque se pueden encontrar algunas raíces en el XVIII. Dos libros publicados por John W. Draper y Andrew D. White a finales del siglo XIX contribuyeron de una manera especial a extender esta postura.

Draper, sobre todo, dedica sus ataques más furiosos contra la Iglesia católica de la que dice que el cristianismo católico y la ciencia son absolutamente incompatibles. Estos dos libros han pasado a representar la postura que mantiene la incompatibilidad y el conflicto inevitable entre ciencia y religión.

Después de la segunda guerra mundial se da un cambio en estas posturas. Por un lado, se empieza a dar un abandono de la euforia cientificista que había favorecido la idea de la incompatibilidad y el conflicto inevitable entre la ciencia y la religión. De la admiración sin límite de la ciencia se fue pasando a una mirada más crítica y aun a un cierto recelo, causado por el peligro a algunas de sus consecuencias.

Por otro lado, los nuevos estudios históricos han mostrado que muchos de los argumentos usados por Draper y White no tienen una seria base histórica. Las relaciones entre la ciencia y la religión a lo largo de la historia han sido complejas y no se pueden reducir a las de su absoluta incompatibilidad y continuo conflicto.

Numerosos estudios de tipo histórico en los últimos años, que tocan temas tan delicados como las épocas de Galileo y Darwin, han demostrado bastante claramente que ni solo el necesario conflicto ni la continua armonía reflejan las complejas relaciones entre ciencia y religión. Se trata de dos visiones autónomas del mundo entre las que debe establecerse un fructuoso diálogo y que pueden considerarse como complementarias. Algunos autores han buscado una cierta integración entre ambas, pero esto resulta más problemático.

Ciencia vs Religión

¿Qué es la partícula de Dios?

¿Un buen científico tiene que ser ateo? ¿Por qué la mayoría de la sociedad piensa que hay un conflicto entre ciencia y fe y que la ciencia es la que tiene la razón?

Enrique Solano, astrofísico, investigador científico en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) de Madrid, impartió una charla en la que abordó interrogantes esenciales como la relación entre ciencia y fe.

A través de estas preguntas y otras cuestiones,  Solano retó a pensar a su alumnado  a lo largo de la charla. Para llegar a la conclusión final: no hay tal conflicto. Cuando tienes fe no tienes que tener miedo a la ciencia. La ciencia no es el enemigo.

Puso ejemplos sobre como la Iglesia se ha interesado a lo largo de los siglos por la ciencia. La cultura clásica ha llegado por la Iglesia. Quien ha trasmitido el conocimiento científico ha sido la Iglesia en los monasterios, donde se incluía  formación científica en su plan de estudios. Otro dato que desconocían las alumnas: las universidades son un invento cristiano.

¿Se puede ser buen científico si no eres ateo?

A lo largo de la historia es posible encontrar ejemplos de científicos tanto ateos (Hawking) como creyentes (Lemaitre, Pasteur, Lejeune,…) que han realizado aportaciones de gran relevancia para la humanidad

Lemaitre, sacerdote católico fue el precursor de la teoría del Big Bang,  la mejor explicación científica que tenemos de cómo se creó el Universo.

¿Qué postura debe adoptar un creyente ante la ciencia?

Explicó que hay diferentes posturas entre creyentes.  Hay quienes defienden una separación de los dos ámbitos. Otros que sostienen un Dios “tapa agujeros”. Por último los que defienden el diálogo entre fe y razón, este es el camino acertado y se detuvo en explicarlo.

 “La ciencia constituye un regalo para la Fe y ayuda a tener una fe más profunda” (John F. Haught)

Juan Pablo II en la Carta a los científicos sostenía que: “La ciencia puede purificar a la religión del error  y la superstición; y la religión  a la ciencia de idolatría y falsos absolutos”

Actualmente, desde el Vaticano se han impulsado varios congresos científicos en torno al diálogo de fe y ciencia. Y habló de la creación de la sociedad  Catholic scientists, una organización laica internacional fundada en junio de 2016 para fomentar el compañerismo entre los científicos católicos y para dar testimonio de la armonía de la fe y la razón.

 ¿Ciencia vs fe? ¿Existe un verdadero conflicto?

Científicos creyentes

Estos 5 científicos católicos dieron forma a nuestra comprensión del mundo

Los científicos demostraron en sus obras la armonía entre fe y ciencia

Uno cuestionó la idea de que la Tierra fuera el centro del universo. Otro desarrolló la teoría del Big Bang. Uno presentó la base de la genética moderna. Otro fue uno de los mayores sismólogos de su tiempo. Todos fueron grandes científicos además de devotos católicos. Todos menos uno eran sacerdotes. Uno tenía dos doctorados, en teología y en física. Aquí tenéis a cinco científicos que transformaron sus disciplinas, revolucionaron nuestro entendimiento del mundo y demostraron en sus obras la armonía entre fe y ciencia.

Nicolás Copérnico – NIKOLAUS KOPERNIKUS

NIcolás Copérnico

Nacido en 1473 en la actual Toruń, Polonia, Nicolás Copérnico apuntaba a una carrera en medicina y derecho cuando descubrió su pasión por la astronomía. Luego sería una de las mayores figuras de la Revolución científica, recordado por desafiar el modelo tradicional geocéntrico del universo que situaba a la Tierra en su centro. En su lugar, Copérnico propuso un modelo heliocéntrico o centrado en el Sol. Sus ideas se presentaron en su libro Sobre las revoluciones (de los orbes celestes), publicado en 1543, año de su muerte.

Copérnico fue un auténtico hombre del Renacimiento. A pesar de su interés en la astronomía, terminó por obtener sendos doctorados en medicina y derecho. Se ganaba la vida como canónigo de la Iglesia, gestionando propiedades y finanzas. También tradujo las obras del historiador bizantino del siglo VII Teofilacto, escribió un tratado sobre el dinero y además practicaba la medicina.

Venía de una familia católica devota, con dos hermanos que se hicieron clérigos, una hermana que entró en la orden cisterciense y su familia pertenecía a la Tercera Orden de Santo Domingo, según la Enciclopedia Católica. Mientras que otros científicos de su era entraban en conflicto con la Iglesia, Copérnico estaba en buenos términos con las autoridades eclesiásticas. Dedicó el prefacio de Sobre las revoluciones al papa Pablo III. Escribió: “Aunque sé que los pensamiento del hombre filósofo están lejos del juicio del vulgo, sobre todo porque su afán es buscar la verdad en todas las cosas, en cuanto esto le ha sido permitido por Dios a la razón humana; sin embargo, considero que debe huirse de las opiniones extrañas que se apartan de lo justo”.

Incluso cuando desafió muchas de las ortodoxias reinantes en su día, Copérnico permaneció respetuoso a la autoridad de la Iglesia. Según señala la Enciclopedia Católica, “lo más significativo del carácter de Copérnico es que, aunque que no rehuía el demoler un sistema científico consagrado por un milenio de aceptación universal, se enfrentó a la reformadores de la religión”.

Su libro estuvo brevemente incluido en el Índice de Libros Prohibidos de la Iglesia en 1616, entre la controversia con Galileo, pero fue suprimido pocos años después tras algunas correcciones menores a solamente 10 frases que describían el heliocentrismo como una hipótesis en vez de un hecho, según explica Catholic Answers. En 2008, se identificaron sus restos y dos años después fueron bendecidos con agua bendita y enterrados de nuevo, según recoge Space.com.

Gregor Mendel – GREGOR MENDEL

Gregor Mendel

Gregor Mendel fue un monje austriaco del siglo XIX que es recordado por sus experimentos con guisantes que condujeron al descubrimiento de los patrones de rasgos hereditarios. Al cruzar plantas con diferentes rasgos —como altura o color—, Mendel pudo identificar rasgos dominantes y recesivos y demostrar que los rasgos se transmitían independientemente los unos de los otros, según informa biography.com.

Estas observaciones se llegaron a conocer más tarde como leyes de Mendel y su teoría tocante como mendelismo. Aunque él no descubrió realmente los genes, sí conjeturó sobre la existencia de unidades parecidas a los genes. Su obra se convirtió en el fundamento de todos los consiguientes estudios de genética. (La palabra ‘gen’ no se acuñó hasta 1905, décadas después de la muerte de Mendel).

Mendel nació en 1822 en una humilde familia de granjeros de Austria. Después de estudiar física y matemáticas en la Universidad de Olmütz, entró en la Orden de San Agustín en el monasterio de Santo Tomás en Brno, en la actual República Checa. Fue ordenado sacerdote en 1847. Se convirtió en profesor sustituto, pero después de suspender un examen de certificación, se fue a la Universidad de Viena, donde estudió con el físico Christian Doppler (por quien recibe el nombre el efecto Doppler).

Después de Viena, Mendel regresó a la enseñanza y se convirtió en abad en el instituto donde trabajaba. También durante este periodo empezó sus experimentos con los guisantes en el huerto del monasterio. Además, experimentó con abejas, pero las anotaciones sobre sus resultados se han perdido, según la Enciclopedia Católica. Más tarde presentaría sus hallazgos sobre rasgos hereditarios en una serie de conferencias en la Sociedad de Ciencias Naturales en Brno. Falleció en 1884 y sus teorías cayeron en la oscuridad hasta que revivieron a comienzos del siglo XX.

Padre Giuseppe Mercalli – GIUSEPPE MERCALLI

Giuseppe Mercalli

Giuseppe Mercalli fue un sacerdote italiano y profesor de seminario del siglo XIX que estudiaba los volcanes. Pasó gran parte de su vida observando el Vesubio, cerca de Nápoles, ciudad donde daba clases en la Universidad de Nápoles. Es el inventor de una escala alternativa a la de Richter para medir la intensidad de los terremotos.

A diferencia de la escala de Ricther, que mide la potencia de los terremotos, la escala de Mercalli detalla los efectos sobre la población humana. Una versión modificada de su escala todavía se utiliza en el Servicio Geológico de los Estados Unidos. Por ejemplo, un terremoto registra un 2 en la escala de Mercalli si es “perceptible solo por algunas personas en reposo, particularmente aquellas que se encuentran ubicadas en los pisos superiores de los edificios”. Un 10 en la escala implica que “algunas estructuras de madera bien construidas quedan destruidas. La mayoría de las estructuras de mampostería y el marco destruido con sus bases. Vías ferroviarias dobladas” (fuente: Servicio Geológico de los EE.UU. ).

Nacido en 1850, Giuseppe murió en un incendio en su apartamento en 1914. En el momento de su muerte, era un científico internacionalmente conocido, que mereció una historia de tres páginas en The New York Times. Dada la sospechosa naturaleza del incendio que acabó con su vida, el New York Times barajó la posibilidad de que fuera asesinado (según informa esta fuente).

Padre Georges Lemaitre – FR GEORGES LEMAITRE

Georges Lemaitre

Dados los estereotipos contemporáneos sobre la incompatibilidad entre fe y ciencia, a algunos les sorprenderá que el hombre que desarrolló la teoría del Big Bang —la base del modelo científico actual del universo— fuera un sacerdote católico belga de nombre Georges Lemaitre.

Nacido en 1894, Lemaitre estudió ingeniería civil en la Universidad Católica de Lovaina y luego sirvió en la división de artillería del ejército belga durante la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra, entró en un seminario y fue ordenado sacerdote en 1923. Continuó sus estudios de física en la Universidad de Cambridge. También estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Apoyándose en las observaciones del astrónomo Edwin Hubble sobre la expansión del universo y la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, Lemaitre planteó la hipótesis de que el universo empezara en un denso punto de partida que nombró “átomo primigenio” o “huevo cósmico”.

La teoría del Big Bang, según se conoció, desafiaba la propia visión de Einstein de un universo estático. El famoso científico dijo a Lemaitre: “Tus cálculos son correctos, pero tu física es abominable”. Cuando la teoría de Lemaitre fue confirmada más tarde por observación, Einstein se retractó y según parece declaró que la teoría de Lemaitre era “la explicación más hermosa y satisfactoria de la creación que he escuchado nunca” (fuentes aquí y aquí).

Lemaitre falleció en 1966. Su teoría del Big Bang, en forma modificada, permanece como el modelo cosmológico básico para describir hoy en día el universo.

Padre Stanley Jaki – FR. JAKI JUNE

Padre Stanley Jaki

Stanley L. Jaki fue un sacerdote benedictino que escribió extensamente sobre la relación entre ciencia y fe. Nacido en Gyor, Hungría, en 1924, se hizo sacerdote en 1948 y recibió su doctorado en teología del Pontificio Ateneo de San Anselmo, en Roma, dos años después.

Jaki empezó a dar clases, pero tuvo que abandonar su trabajo después de que una amigdalectomía le dejara incapaz de hablar. Regresó a la universidad para estudiar física y logró su doctorado en la Universidad de Fordham bajo Victor F. Hess, que descubrió los rayos cósmicos. Jaki volvió a la enseñanza en la Universidad Seton Hall como profesor de física, puesto que conservó hasta su muerte en 2009 con 84 años.

Su obituario en The New York Times lo describe como un “académico infatigable” que produjo más de 40 libros a lo largo de su carrera, incluyendo estudios sobre G.K. Chesterton y el cardenal John Henry Newman.

Entre sus obras más notables están The Relevance of Physics en 1966 y Science and Creation en 1974. En ambas obras, Jaki “arguyó que la iniciativa científica no se hizo viable y autosostenible hasta su encarnación en la Europa cristiana medieval, y que el avance de la ciencia estaba en deuda con el entendimiento cristiano de la creación”, según el periódico The New York Times. En un artículo de 1967 en la revista Journal of Science and Religion, Jaki llevó su argumentación más lejos todavía, declarando que “la fe, o la creencia, forma los cimientos definitivos de la certidumbre para todo conocimiento”.

Entrevista al científico Alfonso V. Carrascosa.

Alfonso V. Carrascosa.

Ha publicado Iglesia Católica y ciencia en la España del Siglo XX un repaso a la aportación de grandes hombres de fe a la historia de la ciencia del siglo XX. Fueron inventores, académicos, divulgadores, investigadores, regeneradores docentes. Hombres y mujeres de fe intensa, que en la convulsa España del siglo XX trabajaron para hacer avanzar la ciencia. Carrascosa es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, con más de 30 años como investigador en microbiología de alimentos. En verano, cuando la prensa se asustaba con la contaminación por listeriosis de la carne mechada, los telediarios lo sacaban en antena. «Soy experto en seguridad alimentaria, cuando hay casos así la prensa llama al CSIC y me derivan a mí o a otros compañeros que tratan el tema», explica. Pero su pasión en los últimos 5 años es estudiar la presencia de la Iglesia y de los científicos católicos en la Historia de la Ciencia del siglo XX, «un tema muy poco trabajado»

Alfonso Carrascoso, microbiólogo y entusiasta de la Historia de la Ciencia

El científico medio hoy, en España, ¿cuánto sabe de Historia de la Ciencia?

– Sabe poco o muy poco. Al estudiar su licenciatura, le dedicaron una sola sesión, quizá la primera, a hablar de la historia de su materia… y ninguna a la de otras materias. Tampoco suele saber de filosofía ni de historia del pensamiento. Vivimos una hiperespecialización brutal. Un científico hoy sabe bastante de su materia, y prácticamente nada de otras ramas de ciencia experimental. Y si es investigador, peor: se centra ya no en biología de alimentos, sino en un microbio concreto.

– Pero usted ha hecho un libro divulgativo de Historia de la Ciencia…

– Porque en este tema concreto, un poco de investigación basta para mostrar mucha información muy clara. Repasando libros, biografías y webs ya puedes obtener una buena composición de la realidad de la Historia de la Ciencia española en el siglo XX, si le dedicas tiempo. Son temas muy claros.

– ¿La ciencia española en la primera mitad del siglo XX era especialmente atrasada?

– No, la investigación científica en España nunca fue atrasada. Es verdad que en la primera parte del siglo XX había conciencia de que debía mejorar, y todos se volcaron en un afán regeneracionista, las izquierdas y las derechas. Pero las ideologías de lo que luego sería el Frente Popular se dedicaban más a organizar revoluciones que a invertir en ciencia. Un impulso importante fue la Junta para Ampliación de Estudios, creada en 1907, con Santiago Ramón y Cajal al frente. La izquierda política no tuvo nada que ver: hasta 1910, tres años después, el PSOE no tenía ni un diputado, por ejemplo.

¿Las escuelas católicas españolas predicaban contra las ciencias en 1910, 1920, 1930?

– No, en absoluto. Y tenían magníficos gabinetes de historia natural, como el del Colegio del Pilar en Madrid, por ejemplo. Lo más común era lograr encajar la teoría de la evolución con Dios como creador. Muchos veían que los cambios en las especies no negaban a Dios. Lo que no podían permitir es que los anticlericales dijeran «por la evolución sabemos que Dios no existe y hay que acabar con la Iglesia». Tampoco el Vaticano negó la evolución. Pero muchos ateos -entonces y ahora- predican una supuesta capacidad auto-organizativa de la materia que conseguiría que echando proteínas y algo más en una sopa haría aparecer células por sí solas… algo que nunca se ha demostrado y que, de hecho, no se lo cree nadie.

– El libro recoge muchos científicos católicos pero, ¿no serían solo católicos por presión social, para aparentar?

No, eran católicos destacados y fervientes. Ya podías declararte no creyente, incluso si estabas en la derecha. La Institución Libre de Enseñanza se ubicaría en lo que hoy serían los liberales, o Ciudadanos. No eran tanto de izquierdas, como activistas de la educación no religiosa. Pero nació en una monarquía parlamentaria católica, la de Alfonso XIII, el rey que consagro España al Sagrado Corazón. Muchos científicos a lo mejor eran de fe discreta, pero luego en sus necrológicas se ve su devoción. En otros se ve en sus escritos: Menéndez Pelayo fue un incontestable defensor de la Iglesia como promotora de la ciencia y la cultura. Otros eran militantes de movimientos católicos. José Ibañez Martín, uno de los fundadores del CSIC, era de la Asociación Católica de Propagandistas. Albareda, del Opus Dei. Juan Marcilla, que fue vicepresidente del CSIC, escondía a monjas en casa durante la persecución y acogía misas clandestinas.

¿Qué tiene que ver el CSIC con la Iglesia?

– El CSIC es el gran organismo de la investigación científica pública en España. No nació de una conferencia de obispos, pero sus iniciadores eran católicos devotos. He comentado a Martín, Albareda, Marcilla… podemos añadir a Miguel Asín Palacios, que era sacerdote y un gran arabista. Huyeron del Madrid del Frente Popular y recogerían los restos de la Junta para Ampliación de Estudios y la relanzarían, pero mejor: con más internacionalización, más multidisciplinariedad y profesionalizando la investigación. Así nació el CSIC.

– ¿Era muy machista ese entorno científico tan católico?

– Cuando nace el CSIC en 1940, un 10 por ciento del personal asalariado eran mujeres. Cuando muere Franco, en 1975, eran mujeres un 32%, se había triplicado. Hoy, en 2019, tras casi 45 años de democracia, son mujeres un 36%. O sea, que en la época de presidentes católicos, supuestamente fachas y machistas es cuando se triplicó la presencia femenina y desde entonces casi no ha cambiado.

¿Qué fueron la Residencia de Señoritas y la Residencia de Estudiantes y qué tuvieron que ver con la Iglesia?

– La residencia de estudiantes nace en 1910, y la de señoritas en 1915, para acoger estudiantes que llegaban a Madrid pero no querían un colegio mayor con componente religioso. Las impulsaba la Institución Libre de Enseñanza, con el permiso y firma de Alfonso XIII, rey católico en monarquía confesional. Insistían en ser no religiosas. Pero la impulsora de la Academia de Señoritas, María de Maeztu, tuvo que huir de España y era católica de misa diaria. También Rafaela Ortega y Gasset, hermana del filósofo, era muy católica. María Goyri, la esposa de Menéndez Pidal, iba a misa todos los días a las cinco de la mañana antes de ir a la residencia, para que no se supiera. Y un año antes de la residencia de señoritas nació la Residencia Teresiana de Estudiantes, del jesuita San Pedro Poveda, que no quiso renunciar a la catolicidad de su residencia. Allí se alojó Victoria Kent, abogada y diputada socialista. De hecho, las primeras catedráticas de las universidades españolas eran teresianas, y también muchas de las primeras científicas eminentes. La Residencia de Estudiantes no la cerró Franco, sino el Frente Popular. Allí se habían refugiado en el año 1936 niños ingleses, intelectuales como Gregorio Marañón y otras personas de «la tercera España» que huyeron al extranjero desde allí.

San Pedro Poveda fue el impulsor de las teresianas, la congregación de la que saldría la primera generación de mujeres universitarias y catedráticas; murió asesinado en verano de 1936, fusilado en el cementerio de la Almudena

¿Qué importancia tienen las universidades públicas como la Complutense o la Autónoma de Madrid para la ciencia y qué tiene que ver con la Iglesia…?

– La Complutense nace en la monarquía parlamentaria católica de Alfonso XIII. El rey regaló los terrenos y en su junta constructora todos eran personajes destacados, catedráticos y creyentes convencidos, laicos católicos en el sector público. En el libro muestro su religiosidad, superior a la media. Y la Autónoma nace en la época franquista, y sus impulsores, los recojo en el libro, son también de catolicidad clara.

– Muchos jóvenes dejan la fe porque, dicen, la ciencia refuta a la religión…

– No conozco ni un caso de científico que se haya hecho ateo por la ciencia, que haya tenido fe y la haya perdido estudiando ciencia. Nada en la investigación científica hacer perder la fe. La ciencia experimental no puede decir nada de Dios, que está fuera de su ámbito. Respecto a Jesucristo, es un personaje de historicidad incontestable. La ciencia sí puede llevarnos a plantearnos preguntas filosóficas. Muchos físicos se plantean: «¿de verdad todo esto ha surgido solo?»

– Pero en el siglo XX ha bajado mucho la religiosidad en Occidente…

– En el siglo XX sucedió que las naciones cristianas se mataban unas a otras en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Algunos se dijeron: «esto demuestra que los hombres somos pecadores». Y otros dijeron: «esto demuestra que Dios no existe». E irrumpieron unas ideologías anticatólicas, que perduran hoy. Dedico una cuarta parte del libro a hablar del Frente Popular y la ciencia. Menéndez Pelayo pedía que se le dijera el nombre de algún científico ejecutado por la Inquisición por hacer tareas científicas. Nunca nadie ha respondido. En cambio, yo doy aquí 30 nombres de científicos asesinados en 3 años de Frente Popular. Incluso mataron a José María Susaeta, que era concejal del Partido Socialista en Vitoria, al parecer porque en su pasaporte había algún sello alemán, donde había estudiado, y eso bastó para condenarlo. García Morente o Severo Ochoa tuvieron que huir de Madrid por el Frente Popular, que no respetaba a los científicos.

¿Ha habido tergiversación histórica?

– La hay cuando se esconde la religiosidad de científicos importantes, cuando se destacan sólo los errores de entidades religiosas y cuando al mismo tiempo se esconden o camuflan los errores y barbaridades de las entidades de ideología materialista. Así se crea un discurso falso sobre el pasado.

  1. ¿Por qué son la ciencia y la religión dos visiones del mundo?
  2. Describe estos tres enfoques: epistemológico, histórico y sociológico.
  3. Comenta el vídeo: ¿Son compatibles la Ciencia y la Fe?
  4. ¿Son ciencia y religión, compatibles o incompatibles?
  5. Comenta el vídeo: Ciencia vs Religión
  6. Comenta el vídeo: ¿Qué es la partícula de Dios?
  7. ¿Un buen científico tiene que ser ateo? ¿Por qué la mayoría de la sociedad piensa que hay un conflicto entre ciencia y fe y que la ciencia es la que tiene la razón?
  8. ¿Se puede ser buen científico si no eres ateo?
  9. ¿Qué postura debe adoptar un creyente ante la ciencia?
  10. Comenta el vídeo: ¿Ciencia vs fe? ¿Existe un verdadero conflicto?
  11. Comenta el vídeo: Científicos creyentes
  12. Aportación científica de Nicolás Copérnico.
  13. Aportación científica de Gregor Mendel.
  14. Aportación científica de Padre Giuseppe Mercalli.
  15. Aportación científica de Padre Georges Lemaitre.
  16. Aportación científica de Padre Stanley Jaki. En la entrevista al científico Alfonso V. Carrascosa indica las respuestas de las siguientes preguntas que le realiza el periodista:
  17. El científico medio hoy, en España, ¿cuánto sabe de Historia de la Ciencia?
  18. ¿La ciencia española en la primera mitad del siglo XX era especialmente atrasada?
  19. ¿Las escuelas católicas españolas predicaban contra las ciencias en 1910, 1920, 1930?
  20. ¿Qué tiene que ver el CSIC con la Iglesia?
  21. ¿Era muy machista ese entorno científico tan católico?
  22. ¿Qué fueron la Residencia de Señoritas y la Residencia de Estudiantes y qué tuvieron que ver con la Iglesia?
  23. ¿Qué importancia tienen las universidades públicas como la Complutense o la Autónoma de Madrid para la ciencia y qué tiene que ver con la Iglesia…?
  24. ¿Ha habido tergiversación histórica?
  25. Aporta tu conclusión personal sobre el tema estudiado de “Ciencia y Fe”.