Ciencia y Fe

Ciencia y Fe II

Descubre las relaciones que ha habido entre la fe y la ciencia durante la historia de la iglesia, así como sus diálogos y más descubrimientos, ¿son compatibles?

¿Qué relaciones ha habido entre fe y ciencia a través de la historia de la iglesia?

A través de los siglos, ha habido y hay aún personas que han buscado un diálogo y una colaboración entre Fe y ciencia, para ventaja y servicio del crecimiento de la persona y de la entera humanidad.

También es verdad que no han faltado, incluso entre los cristianos, actitudes que no han percibido y reconocido la legítima autoridad de la ciencia, suscitando discusiones y controversias, hasta retener que ciencia y Fe se oponen entre ellas. Otras veces ha habido entre ambas indiferencia, que les ha llevado a caminar por binarios paralelos, en la completa ignorancia la una de la otra.

Se afirma también que la Iglesia, fiel a la propia misión, puede entrar en diálogo con cualquier tipo de ciencia y utilizar eficazmente los resultados científicos para cumplir mejor su misión. Enviada a todos los pueblos di cualquier tiempo y lugar, la Iglesia no está ligada de modo exclusivo a ningún tipo de ciencia, y tampoco a conquista científica alguna.

¿Cuál dialogo puede existir entre fe y ciencia?

Un diálogo en la distinción: un diálogo que reconozca las características específicas de cada una de las dos. De hecho, cada una: tiene propios métodos, ámbitos y objetos de investigación, finalidades y límites debe respetar la otra y reconocer a la otra la legítima posibilidad de ejercicio autónomo según los propios principios.

 “Existen dos órdenes de conocimiento distintos, el de la Fe y el de la razón, y la Iglesia reconoce que “las artes y las disciplinas humanas (…) se sirven, en el ámbito propio de cada una, de principios propios y de un propio método; por lo que, “reconociendo esta justa libertad”, la Iglesia afirma la legítima autonomía de las ciencias” (GS, 36).

Al mismo tiempo, las dos están llamadas a servir al hombre y la humanidad, favoreciendo el desarrollo y el crecimiento integral de cada uno y de todos.

¿Cómo se debe entender la autonomía de la ciencia?

 “Si por autonomía de las realidades terrenas se da a entender que las cosas creadas y las mismas sociedades tienen sus leyes y valores propios, que el hombre gradualmente debe descubrir, usar y ordenar, entonces se trata de una exigencia de autonomía legítima: esa no solamente es reivindicada por los hombres de nuestro tiempo, sino que es conforme al querer del Creador. De hecho es de su misma condición de criaturas que todas las cosas reciben su propia consistencia, verdad, bondad, sus propias leyes y orden; y el hombre está llamado a respetar todo esto, reconociendo las exigencias de método propias de cada ciencia o técnica en particular […]

Si en cambio con la expresión «autonomía de las realidades temporales» si se quiere decir que las cosas creadas no dependen de Dios y que el hombre puede usarlas sin referirlas al Creador, entonces a ninguno que crea en Dios le puede escapar cuánto falsas sean estas opiniones. La criatura, de hecho, sin el Creador se desvanece” (GS, 36).

 “Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios orientativos no pueden deducirse ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que pueda derivarse para unos a precio de otros, ni, peor aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica piden, por su mismo significado intrínseco, el incondicionado respeto de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, en conformidad con el proyecto y la voluntad de Dios” (CIC, 2294).

La autonomía de la ciencia termina por tanto donde la recta conciencia del científico reconoce el mal del método, del resultado o del ’efecto.

¿Puede existir un verdadero contraste entre los descubrimientos de la ciencia y las verdades de la fe?

Es necesario superar la contraposición que a veces se ha hecho entre descubrimiento científico, alcanzado por la razón, y la verdad conocida mediante la Fe. No puede existir verdadera contradicción, siempre que se trate de un positivo descubrimiento científico y de una auténtica verdad de Fe. En tal caso se trata de la misma verdad, que los hombres alcanzan siguiendo caminos complementarios. De hecho, omnis veritas a Deo: toda verdad viene de Dios. Ambas, ciencia y Fe, aún siendo distintas, están unidas en la verdad: convergen al admitir la capacidad de conocer las verdades y la Verdad, encuentran en la verdad su fundamento, el motivo de su existencia, la finalidad de su obrar.

Ciencia y Fe son ambas don de Dios “Aunque si la Fe está sobre la razón, no podrá haber jamás verdadera divergencia entre Fe y razón: porque el mismo Dios que revela los misterios y comunica la Fe, ha puesto también en el espíritu humano la luz de la razón, este Dios no podría negarse a sí mismo, ni lo verdadero contradecir lo verdadero” (DF,4).

 “Por esto la búsqueda metódica de toda disciplina, si procede en forma verdaderamente científica y según las normas morales, no estará jamás en real contradicción con la Fe, porque las realidades profanas y las realidades de la Fe tienen origen en el mismo Dios. Incluso, quien se esfuerza con humildad y perseverancia en escrutar los secretos de la realidad, aunque no se de cuenta, está conducido por la mano de Dios, el cual, manteniendo en la existencia todas las cosas, hace que sean lo que son” (GS, 36).

Ambas están al servicio del hombre, de todo el hombre y de todo lo que es auténticamente humano. Esas están ordenadas al hombre, a partir del cual se originan y se desarrollan y del cual promueven el desarrollo integral a beneficio de todos. Encuentran en la persona la indicación de su fin y la conciencia de sus respectivos límites.

¿En qué consiste el valor antropológico, humanístico de la ciencia?

Consiste en el hecho que la ciencia: es hecha por el hombre; es para el bien del hombre como individuo y de la humanidad; es para el bien de la misma persona del científico. De hecho, todo científico, mediante el estudio y la investigación personal: se perfecciona a sí mismo y la propia humanidad, se modela, construye su propia personalidad; recorre el camino para el encuentro personal con la verdad, en la libertad y en la responsabilidad; puede encontrarse con Dios mismo, Creador del cielo y de la tierra. La ciencia cumple un precioso servicio a los demás, a la sociedad y a la misma Iglesia.

¿Qué contribución positiva ofrece la ciencia a la sociedad y a la iglesia?

Numerosos son los aspectos positivos que la ciencia puede ofrecer, como por ejemplo: la rigurosa fidelidad a lo verdadero en la investigación científica; la colaboración con los otros en los grupos técnicos especializados; el sentido de la solidaridad internacional ; la conciencia siempre más viva de la responsabilidad de los expertos de ayudar y proteger a los hombres; la voluntad de hacer más felices las condiciones de vida para todos, especialmente para aquellos que sufren por diversas causas; la gran ayuda que ella puede ofrecer elevando la familia humana hasta los más altos conceptos de lo verdadero, del bien y de lo bello, y a una visión de las cosas de valor universal; la ayuda a la fe para que se purifique de falsos elementos; la expresión y realización de la señoría del hombre sobre la creación. La ciencia realiza el designio de Dios, manifestado al inicio de los tiempos, de dominar la tierra y de perfeccionar la creación; el cumplimiento del gran mandato de Cristo de prodigarse al servicio de los hermanos: “Cada vez que hayan hecho estas cosas a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, lo han hecho conmigo” (Mt  25, 40).

Todos estos aspectos positivos, que la ciencia presenta, son: un producto maravilloso de la creatividad humana, y del insaciable apetito de búsqueda y profundización, presente en el hombre; un signo de la grandeza de Dios; un fruto del inefable proyecto divino sobre la creación, que Dios ha confiado al hombre; una preparación para recibir el anuncio del Evangelio.

¿Qué ayuda puede dar la fe a la ciencia?

La Fe cristiana: ofrece a la ciencia excelentes estímulos y ayudas para realizar su trabajo con mayor empeño y especialmente para descubrir el verdadero significado de sus actividades, al interno y al servicio de la vocación integral del hombre .

Ayuda la ciencia a tomar mayor conciencia de los propios límites: esa no es el valor más alto, al cual todos deben someterse; no puede explicar todo, y sobre todo no puede explicar todo acerca del hombre.

La ciencia puede dar una respuesta parcial y no exhaustiva al problema de la verdad sobre el hombre, considerado en todas sus dimensiones, y sobre el sentido último de nuestra historia y la del universo; no puede dar respuesta a todos los problemas teológicos, filosóficos…, limitándose a los conocimientos experimentales.

Pone en guardia incluso sobre los graves riesgos en que puede incurrir la ciencia. Por ejemplo: “el actual progreso de la ciencia y de la técnica, que en razón de sus métodos no pueden penetrar en las razones íntimas de las cosas, puede favorecer un cierto fenomenismo y agnosticismo, cuando el método de investigación de que hacen uso estas ciencias viene equivocadamente elevado a norma suprema de investigación de la verdad total. Más bien, existe el peligro de que el hombre, confiándose demasiado de los actuales descubrimientos, piense que se basta a sí mismo y no busque más valores superiores” (GS, 36).

Valoriza en sumo grado las auténticas invenciones de la ciencia. De hecho la Fe afirma que, aunque haya que diferenciar con cuidado el progreso terreno del desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo, el progreso científico, en la medida en que pueda contribuir a mejor ordenar la sociedad humana, contribuye a realizar el Reino de Dios, a construir “nuevos cielos” e “nueva tierra” (2 Pt  3, 13).

Ofrece la posibilidad y los principios morales que la ciencia debe respetar.

¿Cuáles prioridades debe seguir la ciencia?

La ciencia, para cumplir su tarea: se deja guiar por el primado: de la persona sobre las cosas; de la ética sobre la técnica; del espíritu sobre la materia ; del ser sobre el tener y el hacer ; de la búsqueda de la justicia y de la paz.

Evita por tanto seguir prioridades fijadas prevalentemente: por la finalidad económica (búsqueda indiscriminada de la ganancia económica personal o de grupos); de los intereses de grupos políticos; de la búsqueda del prestigio personal.

¿Cuáles son los principios morales que la ciencia debe respetar?

Estos son algunos principios morales fundamentales: no todo lo que es científica, técnicamente posible es también moralmente aceptable; no es justo obtener un bien a través de un mal; el fin no justifica los medios ;

Por tanto deben respetarse: el bien integral del hombre y de la humanidad; la dimensión trascendente de la persona y de la misma creación; la vida y la dignidad del hombre, la calidad de su vida, los derechos de las generaciones humanas actuales y futuras; la creación y el ambiente.

¿Los principios morales son un freno para la ciencia?

Los principios morales no son un freno o un obstáculo para el progreso, sino “el lecho de río, por el cual debe pasar la corriente impetuosa del pensamiento y del actuar humano. La ética pone límites a la ciencia para incrementar su fuerza, su utilidad y su eficacia, para evitar que salga de los márgenes, inunde y destruya. La ética es un elemento que ha contribuido a todo lo que de mejor y de más bello haya producido el hombre” (Pio XII).

¿Cuál es la tarea de la ciencia?

Descubrir la maravillas de la naturaleza, con aquella actitud que es propia de aquel que no extiende las manos sobre el mundo diciendo: es mío, sino de quien, admirado, lo ve donado por otro, y reconoce que: es don de Otro para ti y para todos .

Respetar la diferencia ontológica y axiológica que existe entre el hombre y los otros seres vivientes.

Respetar la naturaleza de cada ser y de su mutua conexión con los otros seres en un sistema ordenado y equilibrado (el ecosistema) .

Promover el ambiente como casa y como recurso en favor del hombre y de todos los hombres .

Buscar el verdadero bien de la humanidad según el designio de Dios y de su voluntad, y permitir al hombre, considerado como individuo o como miembro de la sociedad, cultivar y actuar su vocación integral .

Realizar un servicio: a la verdad; a la dignidad de la persona y a la calidad de su vida; a la humanidad y a sus valores; a la satisfacción sobretodo de las necesidades primarias del hombre, buscando desterrar cada vez más el hambre y la enfermedad .

Mantener en el hombre las facultades de la contemplación y de la admiración que conducen a la sabiduría; realizar un proyecto científico que sea verdadero progreso humano.

Evitar: pensar que puede dar solución a todo; absolutizar los propios métodos y los propios resultados; excluir otros caminos de investigación; disponer arbitrariamente de la tierra, sujetándola sin reservas a su voluntad, explotando desconsideradamente los recursos de la creación; efectuar experimentaciones con seres humanos sin el consenso explícito del sujeto o de quienes representan sus derechos, y cuando se hace correr riesgos desproporcionados o evitables para la vida o la integridad física y psíquica de los sujetos.

Mirar con interés la Fe cristiana, la cual desvela el sentido último de la dignidad del hombre y permite encontrar a Cristo, el hombre perfecto, siguiendo al cual, el hombre se hace también más hombre, y encuentra en él su plenitud y realización.

¿Cuál es la tarea del científico?

El, en cuanto hombre, tiene la tarea de: conocer el rol de la ciencia, de sus finalidades, de sus límites. Respetar los principios morales anteriormente expuestos, poniendo en práctica su responsabilidad ética, recordando que es un ser humano antes que científico.

Evitar el riesgo de degradarse al tratar con otros seres humanos. Recordar que él no es señor absoluto de sí mismo, de su vida. Respetar la integridad psicofísica propia y la de los demás.

Interrogarse: sobre el sentido general del propio trabajo cognoscitivo; sobre el método seguido (el fin no justifica los medios); sobre el resultado final y sobre las consecuencias que pueden tener en el plano aplicativo los conocimientos alcanzados; sobre la validez moral de su empeño; sobre la creación como huella de Dios, lugar en el cual se desvela la grandeza, la bondad, la providencia de Dios.

Evitar la “parcialización especialística”, más bien buscar la síntesis: conectando la pluralidad de los logros; integrándolos en el sentido general de la vida; armonizándolos con la visión ético-moral.

 “La sectorialidad del saber comporta un acercamiento parcial a la verdad con la consecuente fragmentación del sentido, e impide la unidad interior del hombre contemporáneo” (Fides et Ratio, 85).

¿Cuál es la tarea de las autoridades públicas en relación a la ciencia?

Las autoridades públicas, en cuanto custodias del bien común, se comprometen a: Asegurar que la investigación esté dirigida al bien de las personas y de la sociedad y a la salvaguarda del ambiente. Moderar y conciliar las presiones de intereses divergentes .

Hacer leyes justas que salvaguarden el bien de la persona y de la sociedad, en el respeto de los principios morales. Controlar los efectos de los descubrimientos tecnológicos y científicos.

Publicar orientaciones sobre el respeto de la integridad y los ritmos de la naturaleza, puesto que los recursos naturales son limitados y algunos son no-renovables. Sostener activamente aquellos campos de investigación que no son financiados por intereses privados, destinando fondos públicos en conformidad a los principios de la subsidiariedad.

Impedir la investigación que lesiona la vida y la dignidad humana o que ignora las necesidades de los pueblos más pobres del mundo, que en general están menos equipados para la investigación científica.

¿Cuál es el rol de la iglesia en relación a la ciencia?

Anunciar la contribución que la Fe da a la ciencia.

Formar consultores cualificados, tanto en el campo de las ciencias físicas o de la vida, como en teología o filosofía de las ciencias, en grado de poder intervenir a través de Internet o por la radio o la televisión, y capaces de tratar puntos de contraste, que puedan surgir entre la ciencia y la Fe.

Crear redes de comunicación entre los estudiosos católicos, apreciados por su capacidad profesional y por su fidelidad al Magisterio, como también entre academias científicas, asociaciones de expertos en tecnología y Conferencias episcopales.

Favorecer publicaciones católicas de gran difusión que cuenten con la ayuda de personas verdaderamente cualificadas en estos campos.

Realizar una pastoral que suscite y alimente una profunda vida espiritual en los científicos.

  1. ¿Qué relaciones ha habido entre fe y ciencia a través de la historia de la iglesia?
  2. ¿Cuál dialogo puede existir entre fe y ciencia?
  3. ¿Cómo se debe entender la autonomía de la ciencia?
  4. ¿Puede existir un verdadero contraste entre los descubrimientos de la ciencia y las verdades de la fe?
  5. ¿En qué consiste el valor antropológico, humanístico de la ciencia?
  6. ¿Qué contribución positiva ofrece la ciencia a la sociedad y a la iglesia?
  7. ¿Qué ayuda puede dar la fe a la ciencia?
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  10. ¿Los principios morales son un freno para la ciencia?
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  12. ¿Cuál es la tarea del científico?
  13. ¿Cuál es la tarea de las autoridades públicas en relación a la ciencia?
  14. ¿Cuál es el rol de la iglesia en relación a la ciencia?
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