Felicitación Pascual a la Comunidad Parroquial

«Alegre la mañana que nos habla de Ti…»

Querida Comunidad Parroquial y queridos amigos todos: La Paz del Resucitado.

Se me viene al pensamiento en esta mañana del Día de Pascua, el Rosario de la Aurora, el momento en que al salir de la Residencia de Mayores, antes de entrar en el Paseo de los Baños, la imagen de la Virgen del Rosario la ponen los costaleros mirando al mar, en el amanecer de ese domingo del Septenario de la Patrona, con el sol saliente que deslumbra, y nuestra Madre nos ayuda a mirar al Sol que es Cristo, el Señor Resucitado que en la belleza de nuestro mar se torna luz y vida. En esta mañana de Resurrección,  Él viene a darnos Su Luz y Su Vida, quiere entrar en la vida de cada uno de nosotros y en nuestro mundo, con nuestras preocupaciones y miedos para llenarnos de esperanza; Él Crucificado y Resucitado es la esperanza que no defrauda, y nada necesitamos más que CONFIAR plenamente en Jesús, y dejarnos llevar por Él para seguir adelante.

En los últimos domingos del tiempo de preparación a la Pascua que acaba de pasar, hemos contemplado a Jesús como la fuente de agua viva que apaga nuestra sed, y en la Cruz, antes de morir, el Crucificado exclamó que tenía sed: la sed de salud de los enfermos de la pandemia, la sed de las familias que sufren la pérdida de un ser querido y no lo han podido despedir como hubieran querido; la sed de los que ven peligrar sus puestos de trabajo, la sed de tantos que en este tiempo quieren saber la verdad de lo que pasa y les embarga el temor de las consecuencias; la sed de la impotencia de nuestros profesionales de la sanidad; en fin, la sed de tantos que buscan la felicidad y en estas circunstancias descubren, o redescubren, que sólo en el amor y en la misericordia de Dios se puede vivir como hijos de Dios y como hermanos, porque otra visión parece que no tiene la salida que esperábamos. Hemos contemplado a Jesús esta Cuaresma como única Luz que cura las cegueras de un mundo construido al margen del sueño de Dios como plenitud del hombre, y como Vida renovada que invita a asumir el reto de creer en Quien es la Resurrección y la Vida porque es el Amigo verdadero, Amigo y Hermano Resucitado, único Señor.

Permitidme una confidencia. Recordáis la hermosa oración del Papa Francisco la tarde del viernes veintisiete de marzo, y el comentario que hizo al texto del Evangelio de la tempestad calmada. Nuestro Señor en la barca dormía, pero estaba allí…, los discípulos le despertaron y Él les instó a no tener miedo y confiar. A los pocos días un amigo muy respetado y apreciado por mí, en una conversación telefónica comentando esa hermosa y conmovedora oración, me decía que a la homilía del Papa le había faltado algo, en tanto que hoy hemos sacado fuera de la barca a Jesús, no hemos querido que esté y comparta nuestra vida, y nos hemos construido nuestro barco más aparente, una vida al margen de todo criterio de verdad y de Dios.

Esto precisamente es la Resurrección: Jesús, el Crucificado que ha Resucitado, este año con esta Semana Santa tan particular, en este Domingo de Pascua, camina por las aguas de la incertidumbre y de las dudas que nos envuelven, y quiere construir un puente y romper el túnel sin salida que entristece. Él puede hacerlo; solo necesita que le dejemos, y, por encima de todo, su Misericordia es eterna… ¿No creéis que esta Pascua es una llamada a dejar entrar al Resucitado en lo más profundo del corazón y dejarle que lo transforme y lo renueve como Él quiera? Jesús, Señor de la Vida, no abandona al ser humano a quien ama con pasión, a su suerte, menos cuando cae presa de su libertad. Él es la puerta abierta de una Vida que sorprende, porque siempre sorprende, y es la mayor  oportunidad para ser nosotros mismos y crecer como nunca podíamos ni siquiera imaginar.

Jesucristo ha padecido la muerte y la ha vencido para ayudarnos a vencer las tempestades que tenemos que afrontar, sobre todo cuando nos quedamos sin horizonte claro por dónde caminar. La Resurrección es la victoria de Cristo sobre la muerte; Su Victoria es nuestra victoria en medio de las tentaciones que nos sumergen.

Quiero hacer un brindis de Resurrección (el chocolate de después de la Vigilia Pascual de cada año en el Salón Parroquial) por los colaboradores de la Parroquia: los catequistas y los papás y mamás que participan en los distintos niveles de catequesis; los que estáis atentos a la Liturgia y al cuidado del Templo; a Vida Ascendente, fiel siempre a su cita y verdadero ejemplo de fe y de vida; a los matrimonios empeñados cada día en vivir la santidad en lo cotidiano, y a todos los que preparáis vuestra boda que ha de ser vuestra vida nueva en la nueva alianza sellada con la Sangre de Cristo; a los de Cáritas por ser la sal y la luz del Resucitado en nuestra Comunidad y en nuestro pueblo; no me olvido de los que podíais estar más cerca y participar porque, de verdad, el trabajo no os permite todo lo que quisierais; los que necesitáis descubrir el amor de Dios en vuestra vida; a los visitadores de enfermos que lleváis al mismo Cristo como esperanza cierta; a todos… los que podíais estar y hacer una Comunidad cada día más Pascual, más sea más humana y más cristiana, testimonio del Resucitado en el día a día.

De ninguna manera me olvido de las Hermandades, la de nuestra Patrona porque con Ella queréis renovar la vida cristiana de todos, tratando de hacer que vivamos la fe como María. Y en este día un recuerdo muy entrañable a la Hermandad de la Virgen de los Dolores, que hacéis grande la Semana Santa de Roquetas y este año habéis tenido la experiencia de procesionar por dentro, eso dará fruto, os lo aseguro.

Que a todos llegue el gozo de la Pascua, sobre todo a quienes trabajáis en este tiempo difícil como centinelas de la mañana, haciéndonos la vida agradable dentro de todo, dejadme deciros, en el nombre del Señor Resucitado y Glorioso, ¡no tengáis miedo, poneos en las manos del Resucitado, dejad en sus llagas gloriosas vuestras vidas y afanes!

El Padre Pepe brinda por todos y, como sabe por alguien cercano, manda “un abracico chillao” para toda la Parroquia con la confianza en su oración: que la vida del Resucitado nos renueve y nos llene siempre de Alegría, porque es el Mensaje de la Resurrección. ¡Gracias, hermano Pepe, que tienes un corazón grande!

¡La Paz del Resucitado para todos! Reza por vosotros y os quiere vuestro cura,                                                                                     

Antonio de Mata Cañizares.