¡Jesús ha resucitado! ¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios?

 «Y la sorpresa es lo que nos conmueve el corazón. La sorpresa es “un golpe bajo”, para decirlo con el lenguaje de los jóvenes. El primer anuncio: sorpresa. El segundo: la prisa, las mujeres corren. Las sorpresas de Dios nos ponen en camino inmediatamente, sin esperar. Y así corren. Para ver. Y Pedro y Juan, corren. Los pastores, en la noche de Navidad corren para ver lo que habían anunciado los ángeles. Y la samaritana, corre. Esa gente corre, deja lo que está haciendo. También el ama de casa deja las patatas en la olla, y aunque las encuentre quemadas, corre para ver.

También hoy sucede en nuestros pueblos, en nuestros barrios que se corre para ir a ver. Así se dan las sorpresas, siempre, de prisa. Pero en el Evangelio hay uno “que no quiere arriesgarse” y “se toma un poco de tiempo”: Tomás. A quien el Señor espera con amor. Es el que decía ‘creeré cuando vea’. Pero el Señor también tiene paciencia con quienes no van tan de prisa.

El anuncio: sorpresa. La respuesta: de prisa. Y el tercer punto es una pregunta: ¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios? ¿Soy capaz de ir de prisa, o siempre con esa cantilena, veré mañana, mañana? Para decir, igual, mañana… ¿Qué me dice a mí la sorpresa? Juan y Pedro fueron corriendo hacia el sepulcro. De Juan el Evangelio nos dice que creyó y también Pedro creyó. Su fe era una fe un poco mezclada con el remordimiento por haber negado al Señor… El anuncio hecho sorpresa.  ¿Y yo hoy en esta Pascua de 2018, qué?» (Papa Francisco, homilía domingo de Pascua 2018).

Luisa Restrepo