La comidad: una triste Navidad sin Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Es penoso convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido. Para muchos la Navidad se ha convertido en la Comidad, una mera ocasión para celebrar comidas y más comidas donde el protagonista principal de la fiesta queda relegado sin que nos acordemos de El en ningún momento más haya de haberlo puesto en un belén como mera decoración por pura rutina. Estas personas dedican horas y horas a todo tipo de comidas, preparativos y reuniones y ni un minuto para visitar la Iglesia en Navidad, para ponerse en paz con Dios, siquiera para rezar, que triste ironía.

Para los que tengan cierta sensibilidad religiosa o cristiana, hay que recordarles que la mejor felicidad que podemos desear a los demás, es la que procede de un corazón en gracia de Dios.

Jesús dejó dicho en el Evangelio que Dios no se fija en las apariencias, sino en lo que hay en el corazón de cada hombre y que lo que de verdad mancha al hombre no es lo que entra de fuera adentro, sino lo que sale de dentro afuera, como los odios, adulterios, homicidios, malos deseos, el orgullo de creerse por encima de Dios y pensar que uno no necesita confesión, el hacernos nuestra propia “iglesia” quitando todos los preceptos que nos molestan para quedarnos con los que sí…

La mejor manera de agradar a Dios todos y de celebrar la Navidad, es teniendo el alma limpia de suciedad moral o de pecado, con la paz interior, que da estar en gracia de Dios, y si no lo estás es el momento ideal para con una buena confesión cambiar de vida. Dios te quiere y siempre, siempre, te está esperando con los brazos abiertos, sólo tienes que dar el paso y decir: SÍ.