¿Qué es la octava de Navidad?

La Temporada de Navidad

En la vigilia de Navidad (el 24 a medianoche) se celebra la misa de Navidad llamada “Misa de Gallo”.

El 25 de diciembre se celebra solemnemente la Natividad del Señor.

Siguen ocho días, la octava de Navidad, es decir hasta el primero de enero. Celebrar la octava es una práctica que tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Los judíos celebraban las grandes fiestas por ocho días y la Iglesia nunca perdió esta bella costumbre. Dios, hace unos 4000 años, hizo una alianza con Abraham y su descendencia, cuyo signo es la circuncisión en el octavo día después del nacimiento. (Cf. Gen 17,10). Desde entonces la octava (ocho días) ha sido tradición del Pueblo de Dios. Por eso Jesús, como todo judío, fue circuncidado en el octavo día. En ese día recibe su nombre: “Jesús” Cf. (Lc 2,21). Jesús resucitó el día después del Sábado, el día después del séptimo día de la semana. Los Padres del siglo II se refieren al Domingo como el “octavo día”.  La epístola de Barnabás (c. 130AD): “celebramos la fiesta gozosa del octavo día en que Jesús fue resucitado entre los muertos”. S. Justino mártir escribe que el octavo día posee “una cierta importancia misteriosa”. En la actualidad La Navidad y la Pascua se celebran con su octava.

Durante la octava también celebramos, en tres días consecutivos, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor:

San Esteban, el 26 de diciembre. Mártir. Representa aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, el 27 de diciembre, representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.

Los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, representan aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

El domingo después de la Navidad celebramos la Sagrada Familia, modelo de toda familia en la tierra.

El primer día del año celebramos la festividad de María Madre de Dios, terminando así la octava.

El 6 de enero es la fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor a los Reyes Magos. (En muchos lugares la Epifanía se traslada al domingo entre el 2 y el 8 de enero)

La temporada de Navidad termina con el bautismo del Señor.

El ciclo litúrgico llamado Tiempo de Navidad, abarca desde el 25 de diciembre, fiesta del Nacimiento del Salvador, hasta el 2 de febrero, fiesta de la Purificación, comprendiendo, por lo tanto cuarenta días. Su objeto es celebrar con transportes de gozo el Nacimiento del Señor, en Belén; su infancia y vida oculta, en Nazareth; y las primeras y solemnes manifestaciones del mismo a los hombres.

Por su objeto y extensión puede dividirse esta temporada, y, en la Liturgia, de hecho se divide, en dos períodos:

  1. a) Período de Navidad, propiamente dicho, que abarca los quince días comprendidos entre esta fiesta y la de Epifanía; y
  2. b) Período de Epifanía, que va hasta el Domingo de Septuagésima.

El 1er. Período es una fiesta no interrumpida en torno a la cuna de Belén, donde la Iglesia contempla y celebra embelesada los encantos y grandezas del Divino Infante, y también las alegrías y excelencias de la Virgen Madre.

El 2° Período ensancha más el horizonte litúrgico y pone de relieve las manifestaciones del Hijo de Dios principalmente en el misterio de la Adoración de los Santos Reyes, en el de su Bautismo, y en su primer milagro, en las bodas de Caná.

Toda esta temporada es de alegría, pero no de una alegría desbordante y triunfal, como la de Pascua de Resurrección, sino reposada y sonriente, cual la que inundó a José y a María en la intimidad de la cuna de Belén.