La Sábana Santa

La Sábana Santa de Turín es una tela de lino de varios siglos de antigüedad con la imagen de un hombre crucificado. Un hombre que millones creen es Jesús de Narazet. ¿Es realmente ésta la tela que envolvió Su cuerpo crucificado, o se trata de una falsificación de origen medieval, un truco llevado a cabo por algún artista con maña? La ciencia moderna ha dedicado cientos de miles de horas de estudio detallado e investigación intensa de la Sábana Santa. De hecho, es el artefacto más estudiado de la historia de la humanidad y conocemos más sobre ella ahora que en ningún otro tiempo. Y, sin embargo, la controversia continúa.

Aunque la Iglesia nunca ha declarado que la Sábana Santa sea el verdadero sudario de Jesucristo y, por lo tanto, la reliquia más valiosa del mundo, el Papa Francisco rezó ante ella: “La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, hacia el rostro de cada persona que sufre o es perseguida injustamente”.

Puede que no sea una reliquia oficial, pero la Iglesia actúa como si lo fuera. “El icono del amor de Cristo es la sábana que, incluso ahora, atrae a miles de personas a Turín”, señaló el Papa Francisco. La veneración del papa actual, al igual que la de Juan Pablo II o Benedicto XVI, por el sudario habla por sí sola y no hace sino engrandecer el enigma: “El semblante tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, nos mira de un modo misterioso y nos habla en el silencio”.

La reliquia más estudiada de la historia

Para muchos no importa si la sábana es o no auténtica, sino la experiencia espiritual que transmite. No obstante, el debate científico está a la orden del día y, desde que apareció en Lirey, Francia, en la década de 1350 de la mano del caballero Geoffroy de Charny, quien nunca aclaró cómo se había hecho con ella, su origen ha sido uno de los misterios predilectos tanto por creyentes como por detractores. Es posiblemente la reliquia más estudiada de la historia y, sin embargo, sigue sin haber consenso al respecto.

Se trata de una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,1 de ancho que tiene impresa la parte frontal y la dorsal de un hombre. La figura corresponde a un individuo de cerca de 1,80 metros de alto que tiene el aspecto típico con el que se ha presentado a Jesús (con pelo largo y barba) y las lesiones (producidas por latigazos, la corona de espinas y los clavos) descritas en los relatos de la Pasión. Y, por si fueran pocas las coincidencias, un nuevo hallazgo alimenta aún más las creencias sobre su origen religioso.

Las partículas encontradas revelan el “gran sufrimiento” de la víctima, lo que desmentiría la teoría de que fue pintado durante la Edad Media

Un equipo de científicos del Instituto de Materiales de Trieste y del Instituto de Cristalografía de Bari, pertenecientes al Centro Nacional de Investigación de Italia, junto con la Universidad de Padua, ha concluido que el tejido de la reliquia estuvo en contacto con sangre humana. En concreto, con una persona que fue torturada.

El secreto está en la sangre

Según los autores del estudio, el lienzo contiene “nanopartículas” que no están presentes en la sangre de una persona sana. Al respecto, Elvio Carlino, director de la investigación, asegura que esas partículas revelan el “gran sufrimiento” por el que pasó la víctima, que luego fue “envuelta en el paño fúnebre”. Dichas características no pueden replicarse, por lo que el hallazgo, publicado en la revista científica ‘PlosOne’, desmentiría así la teoría de que el rostro humano fue pintado durante la Edad Media, pues hay quien mantiene, entre otras críticas, que la postura representada muestra incongruencias o argumentan que las pruebas del carbono-14 realizadas en 1988 (autorizadas por la Santa Sede) lo databan entre los siglos XIII y XIV.

El semblante tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, nos mira de un modo misterioso y habla en el silencio

En concreto, los científicos se refieren a una amplia presencia de partículas de creatinina unidas a las de ferritina, elementos que se suelen encontrar en pacientes que han sufrido múltiples traumas o torturas. “Estos descubrimientos tan solo pueden ser revelados por los métodos recientemente desarrollados en el campo de la microscopía electrónica”, explica Carlino.

El sudario terminó en la iglesia de Nuestra Señora de Lirey, pero fue el papa Clemente VII el que informó de que se trataba de una pintura o cuadro. Desde entonces recorrió ciudades a lo largo de dos siglos, como muchos otros que populaban por la Europa de la Edad Media, hasta que llegó a su lugar actual, la catedral de la ciudad italiana, en 1578. No fue hasta 1958 cuando el papa Pío XII autorizó la imagen vinculada con la devoción hacia Santa Faz de Jesús.

Web de la Sábana Santa