La Virgen María, gran inspiradora de Tolkien

«El Señor de los Anillos» es fundamentalmente una obra religiosa y católica, dijo su propio autor

 

¿Sabías que el autor de El Señor de los Anillos se inspiró en la Virgen María para muchos de sus personajes?

Así es. John Ronald Reuel Tolkien, filólogo, académico, lingüista y uno de los escritores británicos más conocidos en el mundo, tenía una gran devoción por la Virgen María, que trasladó a algunas de sus personajes literarios como: Galadriel, la reina de los elfos, Éowyn y Arwen. Todas personajes de El Señor de los Anillos.

Fue Tolkien mismo quien reveló esta relación de sus personajes con María, a su amigo jesuita Robert Murray. Examinando el amigo los escritos de Tolkien, el religioso dijo haber encontrado “una positiva compatibilidad con la doctrina de la Gracia”, refiriéndose al personaje de Galadriel, la noble Dama de los Elfos.

Tolkien respondió a su amigo de esta manera: “Tú eres muy perspicaz, especialmente bajo ciertos aspectos que cualquier otro, y me has revelado a mí mismo algunas cosas de mi trabajo. Pienso de saber exactamente qué entiendes por doctrina de la Gracia; y sobre Nuestra Señora en la cual se funda toda mi escarza percepción de la belleza, tanto en majestad como en simplicidad. El Señor de los Anillos es fundamentalmente una obra religiosa y católica. Al inicio no era consciente, me di cuenta durante la corrección”.

El “padre” de la literatura moderna de fantasía, o más concretamente, de la alta fantasía fue desarrollando ese amor por la Virgen María desde muy temprana edad, gracias a la educación en la fe que le inculcó su madre Mabel.

Tolkien dijo que todo lo que aprendió de su fe católica fue debido a su madre, que desde muy joven se dedicó a sus hijos ya que su padre murió cuando eran muy niños.

Aunque su madre era de religión anglicana, encontró la verdad que tanto buscaba en la Iglesia católica ayudada por los sacerdotes del Oratorio de Birmingham, fundado por John Henry Newman.

Lamentablemente Mabel también murió de diabetes cuando Tolkien tenía solo doce años, dejándole antes a cargo, a él y a su hermano Hilary, al Padre Francis Morgan, a quien nombró protector legal de sus hijos, y logró que sus parientes protestantes se comprometieran a no intentar convertir a sus hijos.

La educación del futuro escritor estuvo marcada por la confesión semanal, por la Eucaristía y por el amor a la Inmaculada y al padre de los oratorios, san Felipe Neri.

Poco antes de su muerte, escribió a su hija: “Fuera de la oscuridad de mi vida, muy frustrada, te recomiendo la más grande obra de amor en la tierra: el Santísimo Sacramento; en Él encontrarás romance, gloria, honor, fidelidad, y el verdadero camino de todos tus amores en la tierra”.

Maria Paola Daud