…liz Navidad

“Así se manifiesta el “espíritu navideño”: Promesa que genera esperanza, se consolida en Jesús y se proyecta, también en esperanza, hacia la segunda venida del Señor” (Card. Jorge Bergoglio, Artículo escrito el 23 de noviembre de 2011)

El mensaje es sencillo y claro: “…liz Navidad: sin fe la Navidad está incompleta. Medítalo”.

¡Cuánta razón tienen esas palabras!

Honestamente, ¿qué sentido tendría celebrar en grande el 24 y 25 de diciembre si no fuera por la fe? ¿Solamente por seguir con “las costumbres”? Muchos lo verán así, como un simple evento social, pero no es el sentido de fondo por el que se festejan por todo lo alto estas fechas.

Con la excesiva mentalidad consumista enquistada en nuestro tiempo, quizá se dificulta entender que, en realidad, la Navidad procede de la fe. Sin fe, la Navidad es una celebración más, una costumbre fácilmente reducible a la comida y a la bebida (ciertamente indispensables en las celebraciones, pero no son lo único).

La Navidad es un “don” de la fe, por así decirlo, sin afán de hablar en sentido estrictamente teológico. Es la oportunidad de celebrar el nacimiento de aquel pequeño niño, envuelto en pañales, que sufrió frío en un pesebre, que bajó a la tierra para padecer; es la memoria de un gran evento, el de Dios que entra a la historia humana para cargar con nuestros pecados y redimirnos… no es poca cosa.

El nacimiento de Cristo debe hacer que renazca la esperanza en nuestros corazones –y no a simple nivel humano-: la esperanza de poder volver a luchar seriamente por la santidad, con la seguridad de que, como dice el Papa Francisco, “Dios no se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a Él”. Esta seguridad debe ser latente y palpable, en especial ahora que estamos en el Año Santo de la misericordia.

Para esto la Iglesia Católica, sabia enseñante, nos propone el tiempo litúrgico del Adviento. Son cuatro semanas en las que nos preparamos mejor para la venida de Cristo.

Es lógico prepararse bien para las grandes fiestas. Pensemos, por ejemplo, cuando alguien se va a casar: hay despedidas de novios, muchos eventos sociales, el montaje de la boda se prepara minuciosamente… Así también nosotros deberíamos esmerarnos por estar bien preparados para celebrar el nacimiento de Jesús.

Que este verdadero sentido de la Navidad nos motive ser lumbreras que iluminen a los demás en esta verdad, allí donde estamos, en el ambiente que nos movemos, con nuestras familias, con los compañeros de trabajo y grupo de amigos.