Pastoral de la Salud

“Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios; gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10, 8).

Cualquier persona que quiera recibir los sacramentos en su domicilio por impedimento de su salud, puede solicitarlo en la parroquia, o por teléfono o través del formulario de contacto de esta web.

 

La pastoral de la salud siempre ha formado parte de la vida de las comunidades eclesiales como lo confirman la multitud de iniciativas de servicio y atención a los enfermos que se han dado en la historia de la Iglesia. La acción de la Iglesia en el mundo de la salud, la pastoral de la salud, engloba todas las dimensiones de la vida de la Iglesia:

Evangelización y catequésis.

Celebración, liturgia y vida sacramental.

Atención, cuidado y acompañamiento de las personas

La Organización Mundial de la Salud incorpora a su definición de salud no sólo aspectos físicos y orgánicos, sino también la dimensión psíquica, social y espiritual de la persona.

El nuevo contexto científico, social y económico plantea a la Iglesia nuevos retos y desafíos de nuestra presencia

Preocupación por las personas que no tienen una cobertura y atención sociosanitaria adecuada.

Acompañamiento a la persona que sufre y a su familia durante el proceso de la enfermedad.

Animación de la presencia activa de las personas enfermas y dependientes en sus comunidades y en la sociedad en general.

Apertura a la evangelización que los propios enfermos nos brindan.

Formación y educación para que las personas podamos vivir sanamente la salud, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.

Promoción de la salud.

Iluminación de los problemas éticos en el campo de la enfermedad.

Sabemos que la comunidad cristiana, delimitada por el territorio parroquial, cuida de sus enfermos. El amor de Cristo crucificado impulsa a servir y amar a nuestros hermanos más débiles, más pobres, que carecen de salud, de movilidad, muchas veces de ánimo y de esperanza, expuestos también y sobre todo a sufrimientos morales y espirituales, luchas y tentaciones. Tal vez la tan llevada y traída “opción preferencial por los pobres” se ha olvidado de esta pastoral de enfermos realizada siempre en las parroquias, considerada como “sacramentalismo”. Pero Cristo curó a los enfermos, los apóstoles fueron enviados a los enfermos.

 Quienes se dedican a la pastoral de enfermos en una parroquia realizan una tarea muy poco visible y muy poco reconocida, no luce mucho ante los demás, y sin embargo, es exquisita y delicada tarea.

Deben poseer una firmeza en la fe a base de horas de Sagrario y vida sacramental para que, firmes en Cristo, comuniquen luz, serenidad, paz, fe, en el nombre del Señor.

Deben poseer o adquirir unas virtudes humanas y espirituales para el desempeño de este ministerio: suavidad en las formas, delicadeza, capacidad de escuchar, valentía para hablar con perspectivas de fe, paciencia y yo incluso añadiría ternura y una buena sonrisa serena y pacificadora.

Deben formarse -tal vez en la parroquia- en la comprensión cristiana de la enfermedad y del sufrimiento, conocer las situaciones interiores por las que el enfermo pasa, detectar las tentaciones e iluminarlas con la fe.

Deben, por último, orar por los enfermos de la parroquia y por sus familiares.

 ¿Cuáles son las tareas para la pastoral de enfermos en una parroquia?

 1) El acompañamiento. Visitar a los enfermos es una obra de misericordia (cf. Mt 25); aunque físicamente no estén solos en sus hogares, sino atendidos por su familia, la enfermedad provoca una soledad íntima con el sentimiento de inutilidad. Sus relaciones de amistad, sociales, laborales, se ven mermadas. En nombre de Cristo, y haciendo presente la maternidad de la Iglesia, se visita a los enfermos para que se sientan acompañados, tengan oportunidad de hablar, de contar, de desahogarse, de distraerse, con el calor humano de la fe y el calor del afecto cristiano. Visitas éstas que más vale que sean frecuentes pero breves, atendiendo a la situación real del enfermo para que no se fatigue en exceso (tal vez, el enfermo dirá que se siente bien para que no se vaya la compañía, pero la prudencia para discernir es importante al visitar a los enfermos).

 2) La “evangelización” del enfermo. Si ya suele ser difícil expresar lo que se siente, más aún en el ámbito espiritual. El enfermo se siente acosado por tentaciones donde no entiende el sentido de su sufrimiento, no descubre la presencia de Cristo, le pesa el silencio de Dios, busca el porqué de su situación, se impacienta y tal vez se desespera. La pastoral de enfermos es una ayuda especialísima para “evangelizar” esa situación personal del enfermo, para iluminarlo con sentido sobrenatural de fe, para que comprenda y discierna a la luz de Cristo lo que está viviendo. Quienes visitan a los enfermos, imbuidos por la fe, pueden escuchar la experiencia del enfermo y ofrecerles palabras de fe (no simplemente palabras humanas para hablar de la enfermedad, de las medicinas, de tal médico o intentar alegrarlo contando bromas). Es una misión cristiana evangelizadora que llega al enfermo y se expande, lentamente, a sus familiares. Pensemos que los familiares suelen valorar que se visite al enfermo, escuchan también lo que se les dice y pueden quedar impactados por la forma en que su familiar afronta y vive esta situación.

 3) Preparación catequética a los sacramentos. Dependiendo del nivel de fe y de práctica cristiana del enfermo, en muchos casos el equipo de pastoral de enfermos debe catequizar al enfermo sobre los sacramentos y la liturgia que le van a acompañar en esta etapa de sufrimiento.

  1. a) El sacramento de la Eucaristía: Cristo es pan de vida y la comunión llevada semanalmente a los enfermos les ofrece un germen de vida y de inmortalidad, así como el unirse a la Pascua del Señor en su sufrimiento personal.
  2. b) El sacramento de la Penitencia: la fragilidad y el pecado son patentes en la experiencia creyente. Por eso al enfermo hay que iniciarlo en el sacramento de la Penitencia, descubrirles su valor y necesidad, su frecuencia, y ofrecerle la ayuda de un examen de conciencia que lo ilumine. Muchos enfermos necesitan esa formación moral básica sobre el pecado, que tal vez han olvidado, reconocerse a la luz de Dios y así celebrar bien el sacramento de la Penitencia.
  3. c) El sacramento de la Unción. Previsto para una enfermedad grave, o un debilitamiento progresivo por la ancianidad, o una operación quirúrgica grave, este sacramento es Don y Gracia del Espíritu Santo para el alivio de alma y cuerpo, sostén y apoyo frente a las tentaciones y configurarse con Cristo. Su importancia y su adecuarse a la situación real, hace que este sacramento no sea un sacramento anual -sin más- sino que se celebra cuando hay verdadera necesidad y en todo caso se repite, se reitera, si el peligro se agrava o si repuesto el enfermo, hay una recaída grave. Dada su importancia, hay que esmerarse en preparar al enfermo sobre su sentido y su valor, instruirlo sobre su forma litúrgica, sus oraciones, las respuestas, el sentido de la Unción, etc., para que el enfermo viva su celebración sacramental lo más plenamente posible.
  4. La pastoral de enfermos debe cuidar la vida sacramental del enfermo: Primero, la comunión eucarística, cada semana, y a ser posible, el mismo domingo, uniéndose a toda su comunidad cristiana que celebra la Eucaristía dominical; pero también ofrecerle la oportunidad de confesarse con la frecuencia que requiera. Por último, la santa Unción si su situación lo requiere, si se reúnen las condiciones necesarias, sin trivializar este sacramento impartiéndolo al enfermo cada año o, en las celebraciones comunitarias, a todos las personas que hayan cumplido 65 años aun cuando no estén enfermos.

La Web Católica de Roquetas de Mar – Almería

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