El problema de las excusas

Este vídeo es una campaña publicitaria de Nike. La idea general es clara: muchas veces nos quejamos o excusamos, sin tener una verdadera razón para ello. En ese sentido es tajante el testimonio que nos dan personas como Matt Scott, quien a pesar de estar en silla de ruedas fue nominado para el mejor atleta masculino en los juegos para-olímpicos del 2004 y 2008.

Elementos apostólicos

Un vídeo propicio para meditar sobre nuestra ruptura interior. A menudo no nos encontramos para nada unificados, o en palabras contrarias, nos experimentados divididos interiormente, entre lo que quisiéramos hacer y lo que finalmente hacemos (como lo describe tan agudamente San Pablo en Rom 7,19). De hecho lo podemos constatar en muchas de las frases que dice Matt en el vídeo, que son en realidad un reprimenda dirigida a cada uno de nosotros. Queremos, pero… siempre hay un pero: “hace frío”, “lo hago mañana”, “me duele la cabeza”, “tengo una cita”… En fin, la lista podría continuar y el vídeo nos da material de sobra para que podamos identificarnos, sin excusas.

Además podemos agrupar todas estas experiencias contradictorias – de las cuales brotan estas frases- en tres “tipos” de actitudes fundamentales. Ellas nos pueden ser de ayuda para categorizar mejor nuestras experiencias y cuestionar a los demás durante el diálogo apostólico. Estas son:

  1. Los que dicen que quieren, pero no hacen nada; “quisiera”, dicen, pero luego siguen con, “es muy complicado”. Quieren, pero no quieren en verdad, porque les es muy difícil el compromiso, entonces no pasan más allá del “decir”, o lo que es lo mismo, de anunciar falsas promesas, vacías de intención. Es fácil notarlos, pues son aquellos que ante la corriente ni siquiera nadan, se dejan llevar, a veces lamentándose, otras veces en silencio y con un dejo de falsa felicidad. .
  2. Los que quieren y no lo hacen bien. Cuando todo comienza suelen ser protagonistas, llenos de ideas y de buenas intenciones. Su deseo se nota como algo auténtico, se deja ver ya sea en sus palabras o en sus actos… pero… no ponen los medios adecuados para alcanzar la meta. Hablan mucho, e inician haciendo algo, un poco; lo cual es algo, es cierto, pero no suficiente. Muchas veces son grandilocuentes en las ideas, pero no tienen la magnanimidad para aceptar las exigencias que estas ideas implican. Por ello buscan atajos, soluciones fáciles, respuestas simplonas…y todos sabemos adonde lleva todo esto. Se quedan siempre cortos, con buenas intenciones y alguna que otra acción mediocre.
  3. Los que se creen el cuento, los sobrados o confiados. Son aquellos que se entusiasman, toman decisiones sinceras, responden y lo hacen en serio. Están dispuestos, incluso si la situación exige sacrificios…pero…. sólo aceptan los sacrificios que les acomodan. Es decir, ponen medios, y adecuados además, pero no aguantan sino los primeros sacrificios, aquellos que habían presupuestado, lo que ellos están dispuestos a soportar según sus cálculos y medidas. Se confían creyendo tener todo bajo control. Entonces, cuando se desencadena la tormenta, y se pierde el control de la barca, son los primeros que se van nadando a la orilla. Aquellos momentos de verdadera dificultad los asustan demasiado, entonces empiezan a excusarse con frases como “yo sé lo que necesito, esto no tiene porqué implicar tanto sacrificio” “hay otras maneras, otros modos, de hacer lo mismo” “yo me conozco bien, no era para mí” “no es que me haya equivocado, pero no necesito cruzar el lago”. Y así regresan a su comodidad inicial, donde pueden volver a tomar las riendas de sus vidas, sin arriesgarse a estos imprevistos.

Recuerda un poco a Bilbo en el Hobbit, que no quiere dejar sus seguridades, y una vez que lo hace, una vez que las circunstancias le dan ese empujón hacia la aventura, está siempre en esa lucha interior, en esa tensión de querer regresar y renunciar a una empresa tan arriesgada para volver a su querida y cómoda Comarca. Por eso son también fundamentales sus amigos que lo ayudan a seguir adelante. Lo que nos enseña en el fondo que solos no podemos.

Para terminar una última actitud, pero positiva.

  1. Los que quieren, ponen los medios adecuados y los cumplen hasta alcanzar la meta, o viven luchando por alcanzarla sin rendirse. En ese sentido tenemos tantos ejemplos, como el mismo Matt que a pesar de todas las limitaciones y sacrificios por los que tuvo que pasar, logró perseverar y salir adelante. O en el ámbito narrativo creo que Bilbo nos demuestra que a pesar de su fragilidad, pequeñez, sencillez y sus muchos lamentos, con valentía y perseverancia, y apoyándose en los demás, se puede lograr ser protagonista de una aventura de grandes proporciones. Pero todo esto obviamente se queda corto, y nos conduce a un tema central, a la verdadera competencia de nuestra vida, al auténtico desafío, a la más fascinante aventura: la aventura de la vida cristiana. Aquí por supuesto el ejemplo por excelencia lo encontramos en los santos, quienes cooperando con la gracia y siendo sencillos de corazón se lanzaron (aun con miedo) a alcanzar la meta, sin medidas, sobreabundando de amor, apoyándose siempre en los demás, especialmente teniendo fijos sus ojos en Jesús, la Roca sólida, la Vid, el Buen Pastor, porque sabían bien que sólo en Él se puede  perseverar en obediencia hasta la muerte y muerte de Cruz.

Preguntas para el diálogo

¿Con cuál de las actitudes te identificas? ¿En qué lo notas, qué frases dices? ¿Cuál crees que es el problema de fondo? ¿Qué medios podrías poner para crecer más y situarte en la cuarta actitud?