¿Qué son los Evangelios?

La palabra «evangelio» es la transcripción en caracteres latinos de una palabra griega que –simplificando mucho– significa «buena noticia». Encontramos la palabra «evangélion» tanto en la traducción griega del Antiguo Testamento como en los escritos griegos de la época.

En el Antiguo Testamento, el sustantivo hebreo «b.sòrâh» (traducido en la Biblia griega de los LXX por «evangélion») significa un ‘mensaje gozoso’ (2Sam 18,19-20.25.27; 2Re 7,9).

En el mundo griego, «evángelos» era el pregonero de buenas noticias, normalmente relacionadas con el emperador (su entronización, su visita a una ciudad, una victoria militar, el nacimiento de un heredero…).

Para el anunciante, el «evangélion» era la recompensa que recibía por el mensaje transmitido. Para los receptores, el «evangélion» era el mensaje gozoso, que iba acompañado de beneficios para ellos (banquetes, reparto de regalos, exención de impuestos…).

En el cristianismo primitivo se utilizó el sustantivo «evangélion» para referirse al anuncio oral de la salvación que Dios ofrece a los hombres por medio de Jesucristo.

La escritura de los evangelios «canónicos» (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) supuso la fijación de la predicación sobre Jesús y la recopilación de distintas colecciones de enseñanzas suyas y recuerdos de varios autores, que no han llegado a nosotros.

Este proceso se llevó a cabo entre los años 60 y 100 de nuestra era. Son los escritos más importantes del cristianismo, pero no los más antiguos, ya que las cartas de san Pablo y las fuentes que ellos utilizan son anteriores.

Desde el siglo II comenzaron a circular otros textos que se hacían remontar a los apóstoles y recogían doctrinas cristianas. Algunos de ellos llevaban también el nombre de evangelios. Fueron llamados «apócrifos» (del latín «apocryphus», transcripción del griego «apokryphos», que significa ‘oculto’), porque iban destinados solo a los iniciados en la fe de un grupo o secta.

De hecho, varios intentaron poner bajo la autoridad de algún apóstol doctrinas gnósticas, principalmente. Otros «apócrifos» surgieron de la piedad de cristianos sencillos que deseaban conocer más cosas sobre Jesús, su madre y sus discípulos, y rellenaron con narraciones fantásticas las etapas que no estaban documentadas (la infancia de María y de Jesús, la vida de los apóstoles después de Pentecostés, etc.).

Orígenes (que vivió entre el año 185 y el 254) habla así de este tema: «En otro tiempo, entre los judíos, muchos pretendían tener el don de profecía, pero algunos eran falsos profetas […]. Igualmente ha ocurrido en tiempos del Nuevo Testamento, en que muchos “han intentado” escribir unos evangelios, pero no todos han sido aceptados. Estas palabras “han intentado” contienen una escondida acusación contra los que, sin poseer la gracia del Espíritu Santo, se han lanzado a la redacción de evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan no han “intentado” escribir sino que son ellos los que, llenos del Espíritu Santo, han escrito los verdaderos evangelios […]. La Iglesia posee, pues, cuatro evangelios; los herejes tienen gran cantidad de ellos […].