Seminarista japonés converso que estudia en Pamplona: “En el budismo nunca escuché la frase amaros los unos a los otros”

Masahiro Yuki se bautizó con 18 años. Mar cambió los novios melenudos por el “melenas” de su vida. Lucas vio su vocación en una JMJ.

El sacerdote y cantante Toño Casado moderó  la “mesa vocacional” en la que contaron su vocación dos seminaristas y una religiosa. El testimonio del japonés converso Masahiro Yuki, del joven Lucas Blanes que estudia en el Seminario de Valencia y de la religiosa de las Esclavas de Cristo Rey, Mar Camargo, no dejó indiferente a nadie.

El próximo 22 de abril se celebran dos jornadas vocacionales con el lema “Tienes una llamada”: la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones que organiza la Conferencia Episcopal y los religiosos españoles (CONFER) y la Jornada por las Vocaciones Nativas que convoca las Obras Misionales Pontificias. Para calentar motores, estas entidades de la Iglesia celebraron ayer una mesa redonda “vocacional” con dos seminaristas (un japonés converso y otro que estudia en Valencia) y una religiosa.

Japón: un 0,3% de católicos

Masahiro Yuki nació en la ciudad japonesa de Oita hace 26 años. Como muchos japoneses, abrazaba el budismo, aunque desconocía prácticamente su doctrina. Le llamaba mucho la atención la historia y movido por este interés, un día entró en la catedral de su ciudad.

“Una señora se acercó y me preguntó si quería hablar con un sacerdote. Le dije que sí. El cura me impresionó. Comencé a recibir catequesis y con 18 años me bauticé y me confirmé. En la Universidad se planteó la vocación sacerdotal. Soy el único católico de mi familia”, relató Masahiro.

Este seminarista estudia en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa (Pamplona), un seminario donde reciben formación seminaristas enviados por sus obispos de todo el mundo, muchos de ellos becados por la Fundación CARF.   

A Masahiro lo que más le impresionó de la religión católica fue la caridad y lo sobrenatural. “La frase que más me impactó fue la que dijo Jesús: Amaros los unos a los otros como yo os he amado. Nunca había escuchado nada así, tampoco en el budismo”.

Su familia al principio no entendió nada, pero sus amigos sacerdotes les explicaron algunas cosas, y su madre se tranquilizó. “La vocación es un don gratuito. En Japón, de 120 millones de habitantes, el 2% son cristianos y el 0,3 % católicos. Yo soy el único seminarista de mi diócesis. Pero siempre debemos tener esperanza”.

De cámara de televisión a “monja”

Mar Camargo tiene 41 años y entró a la Congregación de Esclavas de Cristo Rey con 30. Educada en una familia católica, pasó por duros momentos de vacío y la soledad. “Antes de confirmarme en la parroquia de San German, me invitaron a una convivencia. Allí descubrí la amistad y el amor de Dios de un modo muy personal”, contó ayer Mar.

Su llamada fue un proceso largo durante el cual ha vivido como cualquier otra persona de su época. Con 16 años empezó a salir con un chico, tocaban la batería juntos, pertenecían a la misma parroquia y durante 5 años fue el centro de su vida, hasta que la dejó por una amiga.

“Me quedé vacía. Les veía juntos y quería ahogarles. En una vigilia me fui al Sagrario a llorar y fue entonces cuando experimenté un amor enorme y una llamada al perdón. Este fue un punto de inflexión importante. Pero como seguía buscando el amor, seguía saliendo con chicos”, afirma la religiosa.

Posteriormente entró a trabajar como cámara de televisión. “He vivido en un ambiente hostil a la religión, compañeros enganchados a la droga y el alcohol. En la JMJ de Toronto experimenté alegría y libertad. Y en 2003, en Polonia sentí que la Virgen de Chestokova me invitaba a ser como ella”.

Entonces realizó unos ejercicios espirituales en la casa de las Esclavas de Cristo Rey que, por cierto, fueron predicados por el reciente obispo auxiliar Santos Montoya. Después, en su trabajo como cámara, mientras plasmaba el sufrimiento de las víctimas del 11M sintió al Señor que le decía: “Puedes plasmar el sufrimiento de la gente con tu cámara, pero no puedes llegar al corazón”.

Cuando entró en la Congregación su padre le dijo: “Has traído novios con melenas, ahora has encontrado al melenas de tu vida”. La parte más difícil fue en su entorno laboral porque no se atrevía a decirlo. Cuando le dijo a su jefe que se iba, le propusieron un aumento de sueldo y condiciones mejores. “Al final se lo comuniqué a la de Recursos Humanos que me hacía monja. Algunos colegas se han acercado a la fe”.

“En el Instituto no decía que iba a misa”

Lucas Blanes es el mayor de tres hermanos y procede de una familia católica de Gandía de las comunidades neocatecumenales. Entró en contacto con el Seminario menor de Valencia gracias a las convivencias de monaguillos. Pero él estudiaba en el Instituto.

“En mi clase era el único que iba a misa, pero yo no quería ser el bicho raro y me callaba. Como Pedro, le negué”, testimonió este joven de 21 años. En las llamadas vocacionales con Kiko Arguello tras la JMJ de Madrid, se quedó impresionado con los chicos que se levantaban, decididos a entrar en el Seminario.

“Yo no me levanté, pero empecé a sudar y sentía una voz que me empujaba. Yo fui a la JMJ a pasármelo bien, a conocer chicas y a reírme de los frikis que querían ser curas”, manifiesta.

Sin embargo, cuando terminó el bachillerato, entró en el Seminario de Valencia. “Algunos de mis amigos no entienden lo que es ser sacerdote y menos el celibato. Los ateos son los que más me preguntan, me gusta hablar con ellos”, afirma.

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