VIVIR EN PASCUA, EN LA CLARIDAD DE TU PRESENCIA

Queridos feligreses y amigos:

La Pascua que estamos viviendo en esta situación nos ayuda a buscar la Luz y la presencia del Señor Resucitado en nuestras vidas. La experiencia de estos días nos ayuda a ir más allá de nosotros mismos, a trascendernos, y dejarnos encontrar por el Resucitado. El Evangelio nos narra los encuentros del Resucitado con los Apóstoles, con los discípulos de Emaús, con María Magdalena, y nos ayudan a descubrir que hemos de mirar la vida con nuevos ojos, dejar transformar el corazón, y descubrir los nuevos caminos que nos va marcando el Señor para nuestra plenitud. El Señor Resucitado nos llama por nuestro nombre y devuelve la alegría; quiere que le contemos lo que nos pasa, lo que no entendemos…, Él nos hace ver que todo era necesario para pasar a la vida nueva, y volver a la comunidad de la, tal vez, nos habíamos alejado por distintas circunstancias, a veces sin querer o, sencillamente, porque no nos habíamos dado cuenta o nos habíamos dejado llevar…

El domingo pasado el Señor nos decía en el Evangelio que Él es nuestro Pastor, siempre nos cuida, está pendiente de nosotros, y es la puerta de conduce a la vida, a la esperanza, al sentido profundo de todo lo que pasa. Este domingo nos habla de que Él es el camino, la verdad y la vida, que no se turbe nuestro corazón y quitemos el miedo y la duda. Nuestra experiencia de fe es la del encuentro con el Señor que está Vivo y Resucitado, es compañero de camino, cercano, entregado por nosotros, que nos ofrece la Salvación y la Vida en abundancia, porque para eso ha muerto y ha resucitado para cada uno de nosotros. Acerquémonos a Él con seguridad y confianza…, no importa el pasado ni cómo estemos, el bálsamo de su Misericordia y la ternura de su perdón y de su gracia nos hacen vivir en Pascua. La vida de un cristiano es Pascual, unidos al Señor Crucificado y Resucitado que nos congrega en su Iglesia, y Él mismo nos busca y nos carga sobre sus hombros, con el amor que no podemos ni siquiera imaginar.

Queridos todos, ¡qué gozada cuando en la rutina diaria lo vamos descubriendo, el Señor hace nuevas todas las cosas, Él es fiel! Por eso estoy seguro que la vida que emprenderemos después del confinamiento no es una “versión” distinta de la que teníamos, ni una nueva normalidad, como se dice; es una Vida Nueva, y los cristianos hemos de descubrirla desde esa perspectiva de la Vida Nueva de la Pascua. Merece la pena. No es volver atrás, ni otra versión de más de lo mismo. Dejemos que sea lo que quiera el Señor. He rezado estos días por todos y cada uno de vosotros, por las familias que sufren por la pandemia, por la enfermedad o la pérdida de un ser querido, y las familias que sufren y sufrirán las consecuencias de esta crisis de tantas vertientes para que aprendamos algo de esta realidad; que vivamos en la claridad de Su Presencia, como hijos de Luz que somos desde nuestro Bautismo, renacidos en Su Pascua. Es tiempo para dejarnos llevar de Su mano, que nos tiende como al Apóstol Tomás para que le reconozcamos, volvamos a Él y estemos siempre cerca…, sin dejar de estar en la Comunidad, ni de oír su voz, ni dejar de escucharlo…, y como digo, estemos muy atentos porque Jesús Resucitado es el compañero fiel de nuestra vida.   

El próximo lunes, día 11, entramos en la fase 1 de la llamada desescalada y volveremos a abrir nuestro Templo Parroquial para el culto público con las restricciones señaladas por las autoridades sanitarias, conocidas por todos. Hemos de observarlas con rigor y con naturalidad, con generosidad para los demás, es un ejercicio de solidaridad y de caridad fraterna. Mantendremos los mismos horarios de Celebraciones, cada día la Eucaristía a las 8 de la tarde, y los domingos a las 10 y a las 12 de la mañana, y a las 8 de la tarde. Ya veremos si por las restricciones del aforo es necesario celebrar la Eucaristía a alguna hora más, sobre todo los domingos. Hemos de ser comprensivos, y ya sabéis, más importante que “la perfección personal” es la comunión. Esa actitud nos identifica, no otra por muy justificada que pudiéramos tenerla. Habrá voluntarios que nos orientaran debidamente. Las personas mayores y las personas de riesgo, tranquilos…

Quiero tener un recuerdo muy especial, de todo corazón, para los niños de Primera Comunión. ¡Cuánto me acuerdo de vosotros! De vosotros y de vuestras familias. Os quiero agradecer la buena actitud que habéis tenido en estas circunstancias, ¡gracias de corazón! Ya sabéis…de mediados a últimos de septiembre, primeros de octubre, tendremos las Primeras Comuniones, buscaremos lo que sea mejor para todos. En cuanto podamos, confío que a últimos de junio, según lo prescrito hasta ahora, podremos reunirnos los papás y las mamás de los niños y concretar las fechas. Hemos de esperar lo que nos vayan indicando…, y que haya las menos restricciones posibles. Trataremos de adaptarnos buscando el bien de todos. ¡Mucho ánimo! Aprovechar en casa, no dejéis de rezar, hablar con Jesús y conocerlo, dejadle que cambie el corazón, que os haga estar alegres y gozar de su Paz de Resucitado; exponerle vuestros problemas, Él se interesa por vosotros, pedirle Luz y no os alejéis de Su Presencia. ¡Él siempre está con nosotros!  Sin duda, para muchos de vosotros, será también vuestra Primera Comunión, con la fe de los niños.

Gracias a los catequistas que estáis  preocupados por los niños, porque los queréis de verdad, y ahora los tenéis muy presentes. Habladles de cada uno de ellos al Señor. Hemos de aprender a confiar, de abandonarnos en las manos del Señor con corazón de niño. Creo que todos hemos aprendido algo en este tiempo, se trata de ser buenos alumnos, porque tenemos al mejor Maestro, nuestro Señor que nos quiere hasta morir y resucitar por nosotros.

La vida de la fe, tiene una expresión muy clara, la Caridad. Es amar como el Señor nos ha amado. Desde aquí quiero llamar a todos a la Caridad, sabéis que es muy necesaria en este tiempo, y hemos de vivirla urgidos por la realidad social y por la Caridad de Cristo, que se hace Pan, y eso es la Caridad: ser pan partido para los demás, llevar a todos la ternura de Dios. Es importante la Eucaristía, muchos habéis estado preocupados, pero hemos de vivirla en la Caridad, porque es vínculo de Caridad. Gracias a nuestra Cáritas Parroquial que ha estado al pie del cañón, y ha sabido estar en buena y sana coordinación con servicios sociales. Hemos de seguir caminando…, viene el día de después y ya digo, con la Caridad de Cristo y con la realidad concreta, ¿haremos oídos sordos? No sería vivir la Pascua realmente. Os invito a colaborar con Cáritas y con nuestra Parroquia, es necesario para seguir adelante y poder servir a todos fieles a la misión; hacedlo con vuestras personas, tiempo, dinero, capacidades, no vamos a resolver todos los problemas pero sí vamos a dar vida a nuestra gente –que todos somos hermanos-, y eso es lo que espera el Señor de nosotros. Se trata de devolver la esperanza a quienes tienen mayores dificultades porque Cristo Resucitado es nuestra esperanza. Gracias por vuestra generosidad y por tener el corazón no encerrado en nosotros mismos sino abierto al grito de las personas, sobre todo a quienes más sufren. Hagamos de nuestra historia, de esta historia difícil, una historia de Amor porque vivimos el Amor de Dios. Os digo que todo lo demás, sobra.

Estamos en el mes de Mayo, el mes de María, nuestra Madre. A su protección nos acogemos. De Ella aprendemos a confiar.

Del P. Pepe su oración constante y su afecto sincero. Estoy a vuestra disposición, sabéis donde estoy y tenéis mi teléfono.

Reza por vosotros y os quiere, vuestro cura,

Antonio de Mata Cañizares.